martes 9 de febrero de 2010

PeT y Noticias del Día

Buenas noches, queridos lectores. Hoy es uno de esos días en los que el mundo se detiene para dejarme pasar, evitando cualquier colisión mínimamente interesante con mi mismidad.

En un arrebato de creatividad mal digerida he estado a punto de escribir algo extenso acerca de la apasionante noticia de que los soldados americanos están cada vez más gordos, resultando cada vez más complicado para su ejército encontrar americanos medio en forma y con un nivel intelectual mínimo. Pero, claro, la noticia es tan ridícula y delirante en sí misma que resulta casi imposible sacarle algo más de punta.

Pasemos pues de ella.



Otra noticia que nos asalta al abrir el periódico es la decisión de Obama de imponer sanciones a Irán. No es ninguna sorpresa, los tics americanos en política exterior son bien conocidos: sanciones, invasiones, apoyo incondicional a Israel, pereza ecologista, camaradería de borrachos con Reino Unido... Si hasta hay que agradecerles que ya no impongan dictadores afines en su continente. O quizás ahora lo hagan más disimuladamente, quién sabe.

En este caso las sanciones crearán malestar en Irán, lo que servirá para criar una nueva generación de Malos De Bajo Presupuesto, y en unos años tendremos excusas para invadirlos, para bombardearlos o para trazar un círculo rojo en torno a ellos. Es mucho más barato que la guerra contra Eurasia y permite mantener sano el mercado armamentístico, un chollo. Todo este discurso es obviamente malintencionado y tendencioso, además de simplista: ¡pedagogía, muchachos!

La tercera noticia divertida del día es una de la sección de ciencia, concretamente de astronomía. Antes de decir nada ya pueden imaginarse que es un titular espectacular que habla sobre algún gran descubrimiento que cambiará nuestras vidas para siempre.

Efectivamente: una sonda ha captado señales que podrían indicar que posiblemente haya (o tal vez no) un océano de agua bajo la superficie de una luna de Saturno. "En concreto, se han detectado moléculas de agua con carga negativa en la atmósfera del satélite, un hallazgo que respalda esta hipótesis." Me perdonarán que no dé saltos de alegría, pero esto me recuerda a la primera vez que leí que Titán era básicamente una bola recubierta de gasolina. ¡Combustible barato para siempre...! Lástima el precio del transporte.

Bueno, si algún día queremos invadir Saturno, ya tenemos -quizás- agua cerca. Viene a ser lo mismo a usar un manantial en Madagascar para establecer una base en el Kalahari, pero caramba, suena bien.

Nada mas por hoy, simpáticos humanos.

PS: Leo El Mundo porque es el periódico cuya web mejor funciona. No le den más vueltas.

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Apuntes sobre el Apocalipsis Malthusiano

Los minipiés sobrepasan los trescientos ejemplares. Ni en nuestras mejores previsiones esperábamos algo así. Se lo están comiendo todo. Son el animal pacífico más letal que he visto en mi vida. No sabes lo que es el terror hasta que ves uno de esos encantadores peluches desmembrar a un ratoncito vivo.

Dr. Gordon Butterhead, "Historias de Zorras y Minipiés"


Cuando uno echa un vistazo al planeta se da cuenta de algunas cosas. La primera de ellas es que no tiene tendencia a engordar, proveyéndonos de nuevos continentes, islas y océanos esencialmente deshabitados como había estado haciendo hasta hace un siglo y medio. No se sabe qué ha causado que la maquinaria cósmica que nos permitía expandirnos dentro de nuestra querida esfera-achatada-por-los-polos se haya cascado para siempre.



Otra cosa que uno nota es que, pese a las sucesivas reclamaciones por parte de centenares de gobiernos y particulares de todo el mundo, sigue sin llover maná sobre Palestina ni café en el campo de Juan Luis Guerra, tampoco caen suavemente meteoritos de platino y tugsteno sobre Arizona, árboles sobre Brasil ni uranio y oro sobre Rusia y Sudáfrica.

En tercer lugar, resulta que las oraciones que dispensamos cada día a los dioses más variopintos no sirven de nada: siguen acumulándose deshechos por todas partes, con esa sensación incómoda que da el tener gigantescas pelotillas de material radioactivo y residuos del petróleo entre nuestros pies mancomunales.

Por último, debido a una política económica ciega y circular, se incentiva globalmente el aumento de población para así lograr un aumento de la demanda y de la producción, sin detenerse a pensar que en algún momento la producción llegará a un tope y que cuando eso ocurra no podrá satisfacer las necesidades de esa población sobredimensionada. Este punto es lo que podríamos llamar una Estafa Demográfica Piramidal.

Los defensores de esta forma de entender la economía (nuestro bonito país, por ejemplo, así como todos aquellos con población envejecida) argumentan que la tecnología siempre-siempre-siempre podrá dar un paso más en su honrada y épica misión de mantener nuestros culos a salvo de nosotros mismos.

Esto, además de ser un irresponsable salto de fe en el desarrollo tecnológico, es una falacia termodinámica.

Verán, en última instancia el planeta se asemeja a la jaula de los minipiés: un sistema esencialmente cerrado que no intercambia materia [1] pero que sí recibe energía del exterior [2]. En un sistema de estas condiciones ocurren dos cosas impepinables:

1) La energía se degrada, se gasta, debido al entrañable efecto de la entropía, aunque no desaparece: tiene tendencia a dispersarse como calor en la atmósfera.
2) Las materias primas no surgen de un saco mágico. El reciclaje es un parche imprescindible, pero un parche.

Y claro, hay un pequeño problema: ningún avance tecnológico, por milagroso y espectacular que resulte, puede crear materia de la nada. Así mismo, tampoco puede pegarse de toñas con las leyes de la termodinámica y salir venciendo.

Las mejoras tecnológicas, señores, afinan el rendimiento de nuestras máquinas (orgánicas e inorgánicas [3]), pero dentro de ciertos límites impuestos por las características del sistema mismo. No-se-puede-sacar-de-dónde-no-hay: A la larga la tecnología se verá superada por la demanda de recursos.



A su vez, dicha demanda crece igual o más rápido que la población, que crece exponencialmente. De forma muy poco considerada, podríamos añadir.

Leí hace no mucho una entrevista a Paul R. Ehrlich, un biólogo de poblaciones bastante lúcido, en la que comentaba que si quisiéramos que toda la población mundial tuviera el nivel de vida de México, los recursos actuales del planeta sólo bastarían para mantener a un tercio de la gente. Lo realmente interesante (¡y divertido!) de este dato, además de los inherentes a las injusticias económicas entre primer y tercer mundo, etc, es que ese mismo ritmo de consumo está destrozando el planeta, por lo que, de hecho, si quisiéramos tener un mundo relativamente justo (todo los países con el mismo PIB per capita, por ejemplo), un planeta relativamente sano (¡con vistas!) y unas vidas maravillosamente apacibles (¡queremos vivir como en España, cuyo PIB per cápita dobla al de México!), entonces, grosso modo, la población mundial debería ser inferior a un sexto de la actual.

¡Sobran al menos cinco mil millones de personas...!

Mañana mismo empiezo a hacer una lista empezando por los blogueros que me caen mal.


[1] Hay un ligero intercambio. A efectos prácticos: rien de rien.
[2] La luz y el calor del Sol son la principal fuente de energía externa que tenemos. La Luna origina las mareas, de las que podría obtenerse energía... A cambio de disminuir sus efectos, por supuesto, lo que seguramente tendría consecuencias.
[3] Sí, acabo de llamar máquinas orgánicas a las vacas, las gallinas y a los vecinos del cuarto segunda.

PS: He escatimado al lector otra solución que nos permitiría mantener y mejorar el status quo y además seguir reproduciéndonos como conejos irresponsables: salir de la jaula. Tan sencillo como eso. En un sistema cerrado hay que controlar la demografía. En uno abierto la expansión viene dictada por el mismo descontrol demográfico. Y la expansión conejil nos llevará, en su momento, a darnos de toñas con los vulcanianos. Y ganaremos nosotros, claro, porque somos cucarachas espaciales, como dejó muy claro Cormac McCarthy en The Road. Ésa y no otra es la lectura correcta de su novela. No entiendo que se me pasara ayer el comentarlo.

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domingo 7 de febrero de 2010

Carreteras, edificios, alcantarillas...

Este fin de semana, además de pasar de nuevo por el cine, he quedado con unos amigos para ver una vieja película, la cual me ha recordado un libro que leí hace un par de años.



The Road, de John Hillcoat. Adaptación (me dicen que muy fiel) a la novela del adaptabilérrimo Cormac McCarthy. La película narra el pasar de los días de un padre y un hijo en un mundo apocalíptico donde apenas sobreviven algunos humanos perdidos, vagabundos o caníbales, sin que planta ni animal alguno hayan sobrevivido a un cataclismo que se intuye pero que no se detalla. A lo largo del metraje vemos cómo el padre (Mortensen) lucha por mantener la esperanza en su hijo, embarcados en un interminable viaje hacia el sur, tenue promesa de un futuro mejor. Por el camino se cruzaran con otros vagabundos, mejores o peores que ellos mismos, igualmente asustados, con ladrones, asesinos, cadáveres, despensas de humanos, perturbadores restos de barbacoa...

Los actores, como la tensión y la desesperanza, el sinsentido de sobrevivir un día más, están perfectos. En cualquier caso, durísima, necesariamente lenta pero no aburrida, es una muy buena y muy depresiva película que no recomiendo a nadie que no tenga a tope sus depósitos de felicidad.

El Manantial, King Vidor. Película que narra el ascenso al éxito de un hombre íntegro e individualista, el varonil e impagable Gary Cooper, un héroe para sí mismo y un benefactor para la humanidad, pero sin la humanidad. Basada en la novela homónima de Ayn Rand, la película es excesivamente discursiva y panfletaria, pero los personajes son tan exagerados, redichos y grandilocuentes, los gestos tan teatrales, que nos lo pasamos en grande viéndola. Si se rodase un Dawson Crece Nazi, el tono sería muy similar al de EL Manantial.

Resumo el mensaje genial de la película: triunfa siendo tú mismo y sin depender de nadie, y si no lo logras, mejor pégate un tiro... Ah, cuánto se echan de menos salvajadas morales como ésta en el cine actual. Qué grande. Mola.

Alcantarillado, Gas y Electricidad, de Matt Ruff. Enloquecida novela donde todo tiene cabida: monstruos en las alcantarillas, millonarios megalómanos, terroecologistas... Y Ayn Rand, inspiradora y homenajeada a la par, como improbable e imprescindible secundaria. Es dificilísimo resumir esta novela sin destriparla del todo, así que sólo les diré que es muy divertida, muy pop y razonablemente malvada. Muy recomendable.

PS: Por cierto, si son tan vagos como para no buscar Ayn Rand en la wikipedia, les saco un extracto que les dará una idea precisa de su forma de entender las cosas:

Rand defendía el egoísmo racional, el individualismo, y el capitalismo laissez-faire, argumentando que es el único sistema económico que le permite al ser humano vivir como ser humano, es decir, haciendo uso de su facultad de razonar. En consecuencia, rechazaba absolutamente el socialismo, el altruismo y la religión.

Encantadora, como ven.

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sábado 6 de febrero de 2010

Recuerdos de Guardería

Mis amigos saben que tengo una excelente mala memoria, perfectamente capaz de olvidar lo que no me interesa o me es indiferente y, sin embargo, ridículamente precisa ante las afrentas (reales o imaginarias), el azar o la información inútil: Tengo una memoria fotográfica de pez.

Entre mis recuerdos de ñajo hay algunos momentos que siguen congelados en el tiempo, como si hubieran ocurrido hace unos días.

Recuerdo ir con mis padres en barco y alucinar cuando mi madre me dijo que iba a buscar un bocadillo. Era tan pequeño qye pensaba que la puerta del camarote daba directamente al mar y no comprendía cómo iba mi madre a llegar a tierra a comprar nada.

Recuerdo mirar hacia arriba y ver a mi madre en una especie de noria del Parque de Atracciones de Madrid, mientras yo esperaba abajo con mi padre, del que acabaría heredando las jaquecas, la miopía y la sensibilidad al mareo.

Recuerdo arrancar todos los tomatitos de una tomatera, aún verdes, y ponerlos en orden en el alféizar de una ventana a la que apenas llegaba, mientras mis padres hablaban con sus amigos, ajenos al tomaticidio del exterior.

Recuerdo tener de repente un hermano.



Recuerdo un compañero de párvulos, alto y gordito, que pasaba solo todos los recreos, la espalda apoyada contra una pared, mirando y esperando, sin hablar más que con aquéllos que, como yo, curioseaban en movimiento.

Recuerdo a mi maestra regañándome delante de todo párvulos por mirarle las bragas a las niñas. Y la recuerdo amenazándome con bajarme a mí los pantalones delante de todos. Si alguna vez he tenido un momento de chichoterremotez en mi vida, fue ése.

Recuerdo mirar fascinado a una compañera, ella sentada en una valla y yo hablándole, mientras su falda se movía y dejaba sus piernas al descubierto. Estuve enamorado de esa chica toda la infancia. Era una pecosa muy guapa de pelo castaño y liso. Más adelante la haría llorar en un par de ocasiones, pero después ella saldría con mi mejor amigo, ya en la pubertad, y me rompería el corazón por primera vez.

Recuerdo un día en que mi hermano y yo, solos en el coche de mi madre, nos peleamos y soltamos sin darnos cuenta el freno de mano. El coche cayó cuesta abajo y sólo se detuvo dos manzanas después, chocando contra un coche aparcado, a unos metros de que la calle acabase abruptamente en una caída y la nada. Mi madre llegó corriendo, llorando, muy exaltada.

Recuerdo probar el papel, las gomas de borrar y las hormigas, ácidas, pero no la plastilina ni la tierra, que me daban asco. Recuerdo que por entonces podía coger escarabajos y cucarachas sin sentir repulsión.

Recuerdo un día que estuvimos en el parque y, algo alejado del resto, vi cómo el coche de mis padres se iba sin mí. En lugar de volverme loco, salí del parque y fui hasta casa de mi abuela andando solo. Tenía cuatro o cinco años y tenía que cruzar media ciudad. Luego descubrí que mi padre se había ido con mi hermano, que estaba malito, mientras mi madre me buscaba por el parque.

Recuerdo una chica más alta que yo, de pelo castaño claro, casi rubio, delgada y pecosa. Era muy guapa y un año mayor. Hablando con ella me señaló una de sus pecas en la frente y me dijo que era especial. Me explicó que si tocaba esa peca me saldrían pecas a mí también. "¡No la toques!", me ordenó, demasiado tarde.

No recuerdo tener pecas antes de ese día.

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viernes 5 de febrero de 2010

Pizarras y Teorema Cero

Aunque no suelo pensar en mi infancia hay algunas cosas que recuerdo con sorprendente nitidez. En particular, algo que aprendí de pequeño es a no temer a la Pizarra. Me asustaba, sí, levantarme de mi asiento y responder a preguntas tan vagas que no llegaban a ser preguntas sino peticiones.

-Fernández, dime el tema dos.
-¿Ése qué tema es...?
-¡Pues el que estamos viendo ahora!
-¿La Atmósfera?
-Ése.
-Pues...

Y entonces empezaba un complejo interrogatorio, agotador para la maestra, que lograba arrancarme el tema entero a cambio de perder algunos meses de vida. Al final yo me sentaba aliviado, con una buena nota, mientras mi maestra acababa estresada y maldiciendo el momento en que no le había preguntado a cualquier otro.

-Si te sabes entero el tema, ¿¿por qué no lo cuentas directamente??
-No sé.

Ya por esa época, aclarémoslo, era de ciencias. Me gustaban los problemas nuevos, las matemáticas y me gustaba observar cómo el resto de niños interactuaba en el patio. Era como estar dentro de un documental de la televisión. Lo que no me gustaba nada era soltar un rollo macabeo sobre ningún tema. Por escrito era aburrido pero al menos no me moría de vegüenza hablando delante de cuarenta indocumentados. Lo odiaba.

Salir a la pizarra a hacer problemas, sin embargo, era un placer. Sobre todo si nadie más en toda la clase sabía hacerlos. Era un enano odioso, efectivamente. Y no he cambiado nada desde entonces.



Cuando llegué a la facultad un señor muy serio, nada más empezar uno de los primeros temas, nos dio una lista de una treintena de ejercicios variados sobre integrales para hacerlos en casa. Por entonces no existía internet, así que pasaba unas ocho horas al día delante de la televisión, con folios, libros y tebeos a mano, la radio siempre puesta y echado en la cama. Era deliciosamente caótico y bastante productivo. Nada hay mejor que ver En buenas manos mientras calculas áreas con la insoportable La Gramola de fondo: La mezcla perfecta de vísceras, diversión y bilis. Como debe ser.

-Mmm... Perdone. ¿Qué hace?
-Estoy dibujando.
-Acabo de mandar que hagan el primer ejercicio.
-Ya lo he hecho.
-Pues haga el segundo.
-También lo he hecho.
-Pues haga el tercero, luego el cuarto, el quinto...
-Los he hecho todos. Son fáciles.
-...
-...
-Bueno, pues salga en unos minutos a la pizarra a hacer el primero.
-Vale.
-Mmm... ¿Y qué dibuja?
-Bueno, esto que parece una vaca es un orco y ese churro del fondo es Mordor.
-Vaya, está muy bien, ¿hace cómics?
-No, qué va, esto lo hago sólo para perder el tiempo.


Con los años le fui perdiendo el pánico a hablar delante de gente, lo que me ayudó bastante a granjearme el amor de mis compañeros de clase. Si antes levantaba simpatías, ahora el cariñómetro se salía de escala. Algo que fue definitivo para fijar mi estatus como Alumno Increíblemente Adorable Al Que Queremos Matar fue mi descubrimiento[1] de un hecho poco conocido: cuando un profesor llena una pizarra de cálculos para llegar a alguna expresión básicamente mágica repleta de cálculos imposibles y de resultado anti-intuitivo, si pregunta a continuación cuánto es el resultado entonces sólo hay una respuesta posible...

-¿Alguien sabe decirme cuánto da esta expresión? A ver... Una mano... Dígame.
-Cero.
-¿Y por qué?
-Por simetría.
-¡Efectivamente, muy bien! ¡Verán: todos esos términos de allí se cancelan con esos otros de allá, mientras que este térmigo gigantesco del medio se anula, obviamente, porque...!

Y uno se sentaba súper satisfecho mientras docenas de ojillos se le clavaban en la espalda, intentando sin éxito transmitir algún tipo de enfermedad letal. Luego tu compañero te preguntaba cómo te habías dado cuenta tan rápido de todo y le decías que no tenías ni idea, que siempre que preguntaban algo aparentemente imposible era porque daba un resultado nulo y que la explicación del cálculo tenía que ser alguna variación de "se cancelen unos términos con otros y no hay que calcular nada en realidad".

-Qué huevos tienes.
-Yo lo llamo Teorema del Cero.
-Eres raro.
-Debe de haber algún modo de usarlo para ligar...
-...


Ah, parece que fue ayer. Es como si nada hubiese cambiado en quince años.

[1] Probablemente más estudiantes hayan llegado a este resultado por su propio camino. Pero ellos no tienen una página con monitos.

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jueves 4 de febrero de 2010

Invictus

Invictus es el título del poema que Mandela usa como mantra para resistir y no derrumbarse durante sus enemil años de presidio. También es, obviamente, la última película de Clint Eastwood.

La historia arranca con Mandela saliendo de la cárcel. Tras un tiempo de cambios e incertidumbre, de revueltas civiles, nervios y pillaje, de las primeras y tensísimas elecciones realmente democráticas del país, Mandela se ve de pronto al mando de un estado al borde de la guerra civil, lo que le obliga a tomar decisiones impopulares, a veces incomprensibles para sus propios seguidores, empleados y compañeros de gobierno. Todos ellos, cegados por el polvo del camino, no ven que el hombre que tienen delante, Jesuc... Mandela, ha regresado de su travesía del desierto hecho mejor persona. Súper persona. Über persona. Jesuc... Híper persona.

Así, en un momento de epifanía del personaje que cualquier filósofo romano de medio pelo habría resumido en: "A falta de pan, Mandela busca su circo", aparece el rugby en la película. Deporte que funcionará como elemento cohesionador de la sociedad sudafricana y como, err, metáfora de, errrr...



Digamos que al final la selección sudafricana gana la Copa del Mundo y todos son felices, que buena falta les hacía llevarse una alegría. Tanta es la felicidad que todos los problemas del país se solucionan inmediatamente. [1]

Por en medio verán una película muy funcional, sin alardes, con Morgan Freeman haciendo impecablemente su papel, acentazo incluido, y con Matt Damon reventando camisas y polos de rugby sin aparente esfuerzo. Tras la cámara Eastwood juega un poco con los sentimientos del espectador, ora tirando de los hilos de la épica deportiva[2], ora pulsando el ukelele del buenismo mutante de Jesuc... Mandela. Sobrio. Casi diría que alimenticio.

Pero no está mal, sobre todo si son fanes de alguno de los implicados.[3]

[1] Luego llegaron hordas de gnomos de la resaca para fastidiarlo todo, claro.
[2] La épica deportiva es un género basado en esta premisa: equipo pequeño y malo lucha contra la adversidad y vence. Ejemplos sencillos son: El Último Samurai, Evasión o Victoria, Braveheart, Somos los Mejores, Equipo a la Fuerza o Space Jam.
[3] Preferentemente personajes, actores y director, pero podría llegar a aceptar que fuesen a verla porque su prima Luisa es la scrip-girl. Soy un sentimental.

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miércoles 3 de febrero de 2010

Blog, mi blog, este blog

En las últimos meses he ido acumulando entradas al buen tuntún. Son muchísimas más de las que esperaba tener amontonadas al empezar el blog, cuando lo usaba como una válvula de escape de la realidad, robándome cada actualización un tiempo vital que no podía así ocupar en otras cosas.

Pensando, por ejemplo.

Pasado ya medio año, mes arriba o abajo, creo que va siendo hora de parar y recapitular un poco. Como hacer algo así parece terriblemente cansado, he hecho una tira donde he volcado mis más sesudas reflexiones sobre esta página. Parece una tontería pero dibujar es bastante más rápido que escribir, sobre todo si no tienes que colorear.

¿He dicho alguna vez que odio colorear?



Pueden imaginar ahora que las dudas sobre mi blog me asaltan continuamente. Sepan, por si quieren solidarizarse, que las cuestiones candentes que me mantienen despierto hasta altas horas de la madrugada (Carcassonne online aparte) son:

1) ¿De qué va mi blog?
2) ¿Existe realmente una cosa como "blog de chicas"?
3) ¿Dónde se esconden los lectores varoniles (hombres)? ¿Existe tal cosa?
4) ¿Me dejarían poner la imagen de "Las Chicas son Blogueras"?
5) ¿Se puede ser más moñas siendo un tipo hetero?
6) ¿Alguien realmente mira los dibujos alguna vez?
7) ¿Qué porcentaje de lectores me lee en diagonal?
8) ¿Cuántos me leen sólo para ver si digo algo con segundas?
9) ¿Por qué no tengo un zillón de visitas al día?

Nada más por hoy. Les dejo que reflexionen a su gusto.

Intenten no quejarse demasiado, que los veo venir.

PS: Obviamente, de parar y recapitular nada de nada. ¡No tengo tiempo para eso!

lunes 1 de febrero de 2010

El Experimento Minipiés

Se recoge aquí la correspondencia privada de Gordon Butterhead, investigador adjunto del Imperial College of London, durante su estancia en la Base Zongo junto al sabio multidisciplinar, el Dr. Wilson McCanahan.



Querida madre:

El profesor Wilson McCanahan ya ha dado órdenes para encerrar a los quince minipiés en el recinto. Es una jaula bastante amplia y no deberían tener problemas para encontrar alimentos dentro de ella. El minipié es un pequeño prosimio muy pacífico, así que no esperamos tener problemas con el estudio.

Atentamente, tu hijo Gordon. Madagascar, 27 de Septiembre de 1987.

PD: Una minipié ha mordido a Lucas, el maquinista.

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Querida madre:

Los minipiés se reproducen de forma satisfactoria. Los veterinarios se ocupan de vacunar a las crías recién nacidas mediante dardos, por lo que esperamos una baja mortandad infantil.

Vera, la hija del Dr. Wilson McCanahan, me ha traído hoy la comida. Es una chica muy simpática pero su forma de cocinar no puede compararse con la tuya. Te echo de menos.

Tu hijo, que te quiere, Gordon. Madagascar, 25 de Noviembre de 1987.

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Querida madre:

Tengo la rabia. Una minipié se ha escapado por un agujero de la jaula y me ha mordido al intentar capturarla. Escribo estas líneas entre temblores. Vera está cuidándome. Reparamos jaula.

Gordon. Madagascar, 10 de Diciembre de 1987.



Querida madre:

Creo que estoy enamorado. ¿Adivinas de quién? Vera está preciosa en este interminable verano tropical. Además, cada vez es mejor cocinera. Su estofado de lemur anillado es sublime. Hace unos días olvidó despellejar al animal y todos nos reímos mucho cuando Lucas se atragantó con una bola de pelo. ¡Es tan ingeniosa y divertida!

Los minipiés se reproducen a ritmo vertiginoso. Son pacíficos, pero han eliminado a todos los competidores, no sabemos cómo.

Felizmente, tu hijo Gordon. Madagascar, 17 de Enero de 1988.

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Estimada madre:

Lucas me mira mal, creo que está celoso de mí, de mi posición aquí y de los que es un obvio romance (¡platónico aún, por supuesto!) con Vera. Los minipies se amontonan en el recinto. He sugerido dejar de asistirlos médicamente, pero el Dr. Wilson ha desestimado mi idea y me ha llamado idiota.

Gordon, tu amante hijo. Madagascar, 29 de febrero de 1988.

PD: Los predadores de los minipiés ya no están. De algún modo han desaparecido.

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Madre:

¡Esto es una locura! ¡He pillado a Lucas yaciendo con Vera! ¡No entiendo nada! ¡Esto no puede ocurrirme a mí! ¡Ella me quería! ¡Lucas me quería! ¡Los minipiés lo querían a él! ¡El Dr. Wilson quería a todo el mundo...! ¡He tomado una decisión, cuando acabe este experimento me suicidaré! ¡No intentes convencerme de lo contrario! ¡Lo he jurado ante la biblia de papá!

Gordon, hijo. Madagascar. Abril.

PD: Los minipiés han aprendido a cazar pájaros. Y se están comiendo a las ratas y a todos los insectos. Ya no quedan árboles frutales en el recinto.

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Querida madre:

Los minipiés sobrepasan los trescientos ejemplares. Ni en nuestras mejores previsiones esperábamos algo así. Se lo están comiendo todo. Son el animal pacífico más letal que he visto en mi vida. No sabes lo que es el terror hasta que ves uno de esos encantadores peluches desmembrar a un ratoncito vivo.

Vera está embarazada. No se hable más del tema.

Gordon, tu querido hijo. Madagascar, 3 de Junio de 1988.

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Querida madre:

Los minipiés están matándose entre ellos. Llevan tanto tiempo viviendo dentro del recinto que ignoran que pueden intentar salir. Simplemente, se comen unos a otros. Es aterrador. El Dr. Wilson McCanahan dice que el experimento está siendo un éxito. No sé de lo que habla. Odio a ese hombre y a su maldita familia. Odio el día que decidí venir aquí.

Gordon, tu hijo. La Selva. 23 de Agosto de 1988.

PD: Un cocodrilo se ha comido a Kim, el chico de los recados. No sé quién llevará esta carta hasta algún lugar civillizado. ¡Con las Colonias vivíamos mejor!

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Querida madre:

El experimento ha concluido. No queda ni un minipié. Tras esquilmar completamente el recinto y pasar completamente de asaltar sus límites, han acabado muriendo de hambre o de las heridas inflingidas entre ellos. El último de ellos lo ha matado el Dr. Wilson McCanahan y lo ha disecado. Dice que se lo lleva "como recuerdo de esta exitosa investigación".

Ese hombre está loco.

Vera ha dado a luz un niño negro. Lucas no es negro. Yo no soy negro. Nadie es negro en esta base. El único que lo era... No puede ser. Vuelvo a casa.

Gordon. El infierno esmeralda. Octubre.

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Querida madre:

Llego en unos días a Londres. Le he robado el minipié disecado al Dr. Wilson. Mamá, ¿estaría feo faltar a un juramento? ¿Puedes concertarme una cita con el reverendo Hammerscott para hablar del tema? Hay algo más de lo que tengo que hablar con él...

...

Vera viene conmigo. Sé que es extraño pero ella dice que el niño es mío y yo la creo.

¡Nos amamos y vamos a casarnos!

Tu amado hijo y tu futura hija, Gordon y Vera. París, 11 de Noviembre de 1988.

PD: El pequeño Jim está guapísimo con su salacot. Te encantará. No es tan negro como parecía.

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