CELDA 211 (reseñita y aclamación)
Mis nuevos compañeros de trabajo ya se han dado cuenta de que pueden contar conmigo para ver absolutamente cualquier película que estrenen en el cine. Ayer vimos Celda 211 y disfrutamos como enanos con ella.

La película de Daniel Monzón cuenta la historia de un funcionario de prisiones que se ve atrapado en un motín, con bastante mala suerte, justo nada más pisar la cárcel por primera vez.
La descripción del paisanaje humano es magnífica. Los funcionarios, los supuestos buenos, son la hez: cobardes, pusilánimes, traidores, sádicos, vagos, miserables. Los presos, los supuestos malos, qué diablos, son malos: asesinos, psicópatas, ladrones, chusma inclasificable. Ambos grupos se rigen por unas normas bien definidas. Los primeros siguen leyes que, a las primeras de cambio, se pasan por el forro. Los segundos siguen sus propias normas, basadas en tres cosas: cierto honor carcelario, el odio común a sus captores y la supervivencia a toda costa. Estas normas, a diferencia de las leyes, no pueden romperse porque el riesgo es demasiado alto, lo que hace a los presos gente mucho más de fiar que a los policías.
Todos los personajes, digamos, son unos hijos de puta, sólo que a unos se les ve venir y a otros no tanto. Se salva el protagonista, interpretado muy bien por Alberto Ammann, un pobre desgraciado con el cerebro y las pelotas muy bien puestos. Un tipo honrado rodeado de asesinos y de políticos, lo peor de cada casa...
El contexto en que transcurre la película es esencial. Basada en una novela de F.P. Gandull (1), la participación de los presos de ETA mueve gran parte de la trama: su relación con los presos comunes, las implicaciones políticas que tendrían sus muertes, la preocupación y el buitreo que despiertan en los medios. Todo muy bien usado, muy bien contado, todo un poco repugnante y miserable.
Mención aparte se merece el personaje de Malamadre, un tío de una pieza, con un punto psicópata pero con las ideas muy claras, un asesino que despierta una simpatía incómoda. Luis Tosar clava al personaje hasta el punto de que dan ganas de aplaudir.
Me ha encantado la película. Es magnífica. Entre ésta y Pagafantas por mí el cine español, esa entelequia, ya ha salvado el año. Y perdónenme si olvido alguna otra en este momento, pero estoy perezoso y mi memoria no da para muchas alegrías.
Ya están tardando en verla. Si diera minipuntos los tendría todos. ¡Corran al cine!
(1) Al que confieso no conocer absolutamente de nada. Me perdonen.





