lunes 27 de febrero de 2012

Hugo

Hugo Cabret es un pobre niño huérfano que vagabundea por una de las estaciones de trenes de París. Su tío y su padre eran relojeros y él continúa la tradición familiar: mantiene en funcionamiento los relojes de la estación y roba piezas a un viejo juguetero para luego usarlas para reconstruir un autómata que heredó de su padre.

El viejo juguetero, que tiene un pasado misterioso, también tiene una ahijada muy mona que adora leer y vivir aventuras. En la estación donde trabajan hay otros personajes que se entrecruzan con los protagonistas: un gendarme malhumorado y su doberman, un anciano, una señora y su perro...

¿Se han dormido ya?

Nosotros sí, más o menos a los diez minutos.



Scorsese ha realizado una película que, como un besugo en un charco, boquea desesperadamente buscando aire. Hugo es huérfano, el viejo es George Méliès, el gendarme fue herido en la guerra, la chica quiere vivir aventuras, el anciano quiere seducir a la señora... Todos son mecanismos rotos que hay que arreglar. La historia es previsible, el ritmo inexistente y la emoción ausente. Cada escena, cada frase, pretende conectar con el espectador, epatar con él y arrastrarlo a la historia.

Y fracasa una y otra vez. Es más, cuanto más lo intenta peor es el resultado.

Las historietas paralelas de la estación no aportan nada, el gendarme es un recurso cómico que sobra, la conexión entre Hugo y Méliès es rebuscada y ridícula, la aventura se limita a dos carreras y un par de revelaciones dramático-tontunas...

Scorsese ha intentado hacer una película como si fuese Spielberg y lo ha conseguido. Aburrida, ñoña, previsible y completamente idiota, La invención de Hugo es la peor película que he visto en bastante tiempo.

Y-mira-que-veo-truños.

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viernes 24 de febrero de 2012

La paradoja (FALSA) de los gemelos

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miércoles 22 de febrero de 2012

Conspiraciones

Dentro de las infinitas posibilidades potenciales del thriller de acción hay un subsubsubgénero cuya ejecución sigue ciertos pasos preestablecidos como si fuese un ballet: el thriller conspiratorio.

La pareja protagonista es siempre la misma. El Joven Boy Scout y el Viejo Cínico.

La película empieza con una coreografía en solitario del Boy Scout, quien danza alrededor de su novia, su vida plácida y bien estructurada, su aburrimiento cordialmente excesivo.

Luego entra en juego el Cínico. Su presentación es más movida. Es un personaje oscuro, que vive más allá de las reglas: sabe cosas que no debería saber, conoce secretos de estado, es un personaje incómodo, huidizo, peligroso, en permanente tensión.

Entonces se conocen y empieza el pas de deux. La coreografía, aunque sujeta a ciertas variaciones menores, sigue siempre el mismo esquema.

Primera escena: El Encuentro. El Boy Scout recela del Cínico. El Cínico se burla del Boy Scout. Los personajes masillas circulan a su alrededor en movimientos espasmódicos que indican que son malvados o poco de fiar.

Segunda escena: La Escapada. La pareja, por mor de las circunstancias, se ve obligada a huir de la mano. Tras ellos, las fuerzas del mal se revelan poco a poco. Pequeñas traiciones se suceden mientras la pareja se produce mutuamente el Síndrome de Estocolmo. El Boy Scout empieza a entrever la Verdad que oculta el Cínico. Éste, a su vez, comprende que el Boy Scout es un rayo de esperanza en el horizonte.

Tercera escena: El Relevo. Atrapados en un complot dentro de un complot dentro de un complot el Boy Scout y el Cínico bailan en un campo de minas del que es imposible salir indemne. Finalmente el Cínico muere y el Boy Scout comprende que ha recibido un testigo que no había pedido: se ha vuelto un Viejo Cínico tras un Curso Acelerado De Realidad, pero conservando su Luz Luminosa Luminiscente.

Cuarta escena: El epílogo. El Boy Scout realiza genuflexiones espirituales que le dan la victoria definitiva sobre El Mal. Los malos pierden, los buenos ganan... Pero los malos no se acaban nunca y la vida sigue.



Pues eso es El Invitado, con Ryan Reynolds y Denzel Washington: una película mortalmente previsible que no se sale del guión ni para que alguien eche un polvo falsamente liberador.

Juro que en el cine no echaban nada de nada. No es culpa mía, de verdad.

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PeT nº 134

“Extraño. Un perro no sabe que no hay que insultar al gobierno y sin embargo no lo insulta”. Stanislaw Jerzy Lec, alborotador.



"Hasta pegarle a unos niños es útil, si con ello se olvida la reforma laboral". Wilson McCanahan, intelectual de provincias.

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martes 21 de febrero de 2012

Subnormales Anónimos (4)

Como todo el mundo sabe, para llegar a policía nacional hay que hacer unas exigentes pruebas de acceso, tanto físicas como técnicas y psicológicas. Es decir, que nadie medianamente tarado, lerdo ni irresponsable puede entrar en este cuerpo de élite.

Salvando, claro, los del porcentaje de integración...




Y los que, directamente, sean malos como la tiña.



Ésos entran todos.

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