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Miscelánea.

Thursday, June 20, 2013

Trance, Shetland, Dates, Twisted, Ray Donovan, Modráček

Trance es la última película de Danny "el de Trainspotting" Boyle. Es un thriller que parte de una escena perfecta de cinco minutos, un atraco, y que luego va perdiendo fuelle según avanza y empieza el juego de manos del guión. El protagonista (McAvoy) es un ladrón amnésico que no recuerda dónde ha escondido un cuadro robado, por lo que sus compañeros, tras intentar otros sistemas menos elaborados, lo obligan a acudir a sesiones de hipnosis para que le devuelvan su memoria. Empieza entonces un baile que busca engañar al espectador, sin éxito: las pistas son visibles y hay clichés que están por encima del bien y del mal. Así, pasan los minutos y la historia se desinfla sin remedio.

Fallida.

Shetland es un estupendo policiaco británico de dos capítulos. Se pueden imaginar el argumento: en una pequeña aldea escocesa ocurre un asesinato y todo se pone patas arriba, los sospechosos parecen muy sospechosos y el jefe de policía investiga para disgusto de todos, sacando a la luz historias familiares que nadie quiere recordar. Muy fan.

Dates es una pequeña marcianada inglesa orquestada por el creador de Misfits. En cada capítulo dos personajes tienen una cita a ciegas, se conocen, meten la pata, se incomodan, se disculpan, cuentan sus cosas, se tiran el pisto, bromean y, a veces, intercambian fluidos. Parece imposible que pueda salir nada de ese esquema pero los guionistas lo consiguen.



Twisted puede ser cualquier cosa. En una pequeña comunidad americana un niño mata a su tía, nadie sabe por qué, y es encerrado en un correccional durante cinco años. Pasado ese tiempo vuelve al pueblo y se reencuentra con sus antiguos amigos de la infancia, que no quieren verlo ni en pintura. Es decir, es un drama adolescente con giro criminal que, errr, yo qué sé, el primer capítulo es bastante divertido pero sólo Dios sabe cómo seguirá la cosa.

Ray Donovan es una serie de género negro cuyo protagonista (Liev Schreiber) está casado y tiene dos hijos estupendos. Si no fuese por su tendencia a olvidar lo primero y por los tarados de sus hermanos la cosa no tendría ni pies ni cabeza. Bueno, no es que tenga mucha pero es una serie estupenda para ver en lugar de esa del perro policía, a condición de que la echen los domingos por la tarde. No es malísima pero sí fallida. Además, yo no quería ver a Jon Voight en ropa interior.

La promesa de Kamil Modráček es una novela de Jiří Kratochvil, autor checoslovaco que cuenta una historia imposible, absurda y genial que transcurre en Brno durante la represión comunista. Es complicado contar nada del argumento sin destrozar la historia, así que no anticipo nada.

La construcción de la novela es, eso sí, una pequeña maravilla. Kratochvil juega con diferentes tiempos y narradores para controlar la información que nos da y cuidar que hasta el final no conozcamos todos los entresijos de la historia. Muy buena y muy recomendable. Además, transcurre en los años cincuenta, lo que es siempre un plus.

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Wednesday, June 19, 2013

PeT nº 220 (DNI)

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Tuesday, June 18, 2013

El tonto de la diligencia

Que José de la Cavada es un troglodita tonto con superpoderes de la CEOE es algo que todos debemos recordar, no sea que dentro de unos meses vuelva a salir en las noticias y ya se nos haya olvidado quién era.



Sirva pues este post como recordatorio.

Qué labor social hago, Dios mío, qué labor social.

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Sunday, June 16, 2013

PeT nº 219 (lobbies)

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Friday, June 14, 2013

La mala suerte

Corregir exámenes es una tarea que puede ser muy fastidiosa si uno tiene muchos alumnos de muchos grupos diferentes. Es por eso que, en la medida de lo posible, tiendo siempre a poner el mismo a todos los grupos del mismo nivel. No suelo cambiar ni una coma porque he notado que los alumnos son tan lamentables que ni siquiera intentan informarse de qué he preguntado en otros grupos.

Esta mañana estaba en la sala de profesores saboteando una calculadora cuando una compañera ha venido buscando a un profesor de matemáticas para que le aclarase unas dudas que le habían preguntado unos alumnos. Me enseñó entonces un folio donde había apuntadas un par de las preguntas que puse ayer a un grupo y que pensaba repetir hoy. Estaban mal escritas pero eran reconocibles, así que le expliqué a mi compañera lo mejor que pude cómo se calculaba todo y ella volvió a clase donde la esperaban, precisamente, mis alumnos.

Mientras ella les explicaba (mal, como vi luego) cómo se resolvían esos dos ejercicios cogí el examen y los cambié por otros dos que no tenían mucho que ver. Después cogí otras dos preguntas y cambié tres datos entre un maremágnum de cifras. En los ejercicios de estadística aparecen un montón así que no se notaban mucho si uno no estaba pendiente.

Media hora más tarde les puse el examen a los chavales.

De una clase de veinticuatro, uno abandonó oficialmente el instituto hace meses, otro viene un día de cada tres y cinco más entregan los exámenes sistemáticamente en blanco. De los diecisiete exámenes restantes cuatro de ellos presentaban una peculiaridad: en lugar de responder a las preguntas que se les pedían, los alumnos habían respondido a las preguntas que les había hecho al otro grupo.

Es decir: que habían copiado la solución de parte del examen (bastante mal, encima) y la habían usado de chuleta sin pararse a comprobar que no había alterado nada. Divertido, ¿verdad?

Pues mejora.



Resulta que en siete de los diecisiete exámenes (los cuatro anteriores y tres más) los datos que aparecían en el resto del examen eran también los incorrectos. Los tres marcadores estaban allí, delatores. Ni los habían visto.

Pero no seamos mal pensados, siempre existe la posibilidad de que todo fuese producto del azar, una coincidencia desafortunada.

Imaginen: tienen una lista de veinticinco datos del uno al nueve y tienen que contar con qué frecuencia se repite cada uno. Es posible confundirse contando, desde luego, y que alguna frecuencia varíe en una unidad arriba o abajo, pero sería muy extraño que varios alumnos se equivocaran exactamente de la misma forma en exactamente los mismos números.

Mirando los exámenes uno podía comprobar que los siete repetían los mismos tres errores: dos de ellos se correspondían con mis cambios de última hora y el tercero era un error de recuento. El mismo error de recuento en todos los casos, algo que no es de esperar a menos que todos copiasen la errata de la misma fuente.

Hagamos unos numeritos. Si la probabilidad de que un alumno se equivoque en un recuento es p (que es siempre un número entre cero y uno), la probabilidad de que se den tres errores determinados de una lista de nueve es:

P(tres errores) = p3·(1-p)6

Que es una función de p que no supera jamás el valor 0'0033. Es decir, la probabilidad de que se diesen tres errores concretos en una lista de nueve es menor del 0'33%. Y eso que no estamos considerando que hay distintos tipos de errores. Si se tuviesen en cuenta que hay varias posibilidades diferentes (un número hacia arriba o hacia abajo, un erros de dos unidades o de tres) esa cifra disminuiría aún más.

Sin embargo me he encontrado con siete casos de diecisiete, un 41%. Incluso descontando los cuatro que se han copiado sin ninguna duda, serían tres de trece, un 23% que sigue siendo demasiado alto.

La conclusión está clara: ¡tres de mis alumnos son setenta veces más desafortunados de lo normal! ¡Pobres!


PS: El tercer marcador ha tenido menos éxito porque muy pocos alumnos se han atrevido a meterle mano al ejercicio donde aparecía. De todos modos, un par han caído con todo el equipo.

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