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Miscelánea.

Thursday, March 19, 2015

Las ironías andaluzas

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Wednesday, March 18, 2015

Saga, Crispin, Mujercitas, Camilleri, Hawkline, Howard, Simsion

Un cómic y un puñado de novelas, en ese orden:

Saga, guionizado por Brian Vaughan y dibujado por Fiona Staples, es el mejor tebeo de los últimos años [2]. En un mundo en guerra una pareja de enemigos deciden enamorarse y escapar juntos, provocando un problema de estado a sus potencias respectivas, que no tienen más remedio que enviar asesinos en su búsqueda, para eliminar el pensamiento disidente y la idea de paz. Alana y Marko, en su huida, involucran a sus familias y sus exparejas, conocen fantasmas espaciales, mercenarios y cosmobebés, follan como si no hubiera un mañana y pelean hasta la muerte para defender a los suyos.

Ella, terrana, tiene alas y viene de un mundo tecnológico, avanzado y cruel, pero ha encontrado la felicidad leyendo novelas románticas de un autor casi desconocido, en un tiempo en el que ya nadie lee novelas. Marko, lunero, tiene cuernos y nació en un mundo de magia, sangre y secretos, pero ha conocido a Alana y ha leído sus libros. ¿Qué van a hacer, sino escapar juntos y enfrentarse a todos?

¡Saga es épica, romántica, bonita, divertida y sexi! ¡Y salen una gata de la mentira, una araña-mujer fatal, un mercenario con honor, un príncipe robot, un cíclope ermitaño, morsapótamos, periodistas espaciales y el mejor suegro sastre del universo!

Imprescindible.



Trabajos de amor ensangrentados y El misterio de la mosca dorada son las dos últimas novelas de Edmund Crispin publicadas por Impedimenta. Si alguien tiene necesidad de leer novelas detectivescas protagonizadas por un profesor de literatura de Oxford hiperactivo, irritante y sabiondo, que se apunte.

Los que prefieran la sordidez nórdica al snobismo inglés que sigan a lo suyo.

Leer Mujercitas, de Louisa May Alcott, después de haber visto sus adaptaciones cinematográficas, es todo un descubrimiento. Alcott, de hecho, escribió varias novelas: la primera acaba con la boda de Meg, la sosa hermana mayor; la segunda termina con la muerte de Beth y con la boda de las dos hermanas restantes; el resto nos cuenta las vidas de los frutos de tanto casamiento.

Las películas, habrán notado, llegan hasta la segunda novela.

La primera, que es propiamente Mujercitas, es una historia entretenida en la que unas chiquillas lo pasan bastante mal (¡ah, la Adversidad!) pero salen adelante. Es una novela que funciona muy bien pese a su clara intención moralizante. Los personajes son unos mojigatos ridículos y unos provincianos sin remedio, pero tienen destellos que los hacen entrañables (en especial el vecino cascarrabias y la protagonista, Louise May "Jo March" Alcott).

En la segunda novela Alcott se despacha a gusto hablando (a través de su alter ego, Jo) de lo malos que son los editores, siempre empeñados en eliminar toda enseñanza de las historias "para hacerlas más interesantes", siempre ávidos de sensacionalismo y ventas. La evolución del personaje es, de hecho, la siguiente: primero tiene un pequeño éxito con algunos cuentos, luego escribe una novela que su editor recorta demasiado, después mantiene a su familia con relatos de evasión (inmorales en tanto no tienen ánimo evangelizador) y finalmente reniega de esta etapa libertina para casarse y ser una buena madre y esposa.

Aparentemente, los editores quitaron la paja de Mujercitas, cuando Alcott era una desconocida, pero Buenas esposas se quedó como estaba.

Puede que por esto resulte ser un panfleto tan repleto de moralina rancia que por momentos resulta cómico. Imaginen, el narrador llega a parar la historia media página para hacer una encendida apología de esas tías solteronas que hay en toda familia, ¡dirigiéndose directamente al lector, sin medias tintas! Luego, más adelante, hay una escena que vale su peso en oro: Jo y su profesor están en un bar charlando y, de pronto, él se ve impelido a inmiscuirse en la conversación de unos intelectuales de la mesa de al lado, que hablaban equivocadamente de progreso y moral. Ella lo mira con admiración y arrobo, pensando: "Qué serio es, cuánto sabe, cómo defiende los valores morales adecuados frente a esos demagógicos y modernos ateos de pacotilla". Y se enamora de él.

Terrible. [1]

Juego de espejos y La banda de los Sacco son dos novelas de Camilleri. La primera continúa con las andanzas de Montalbano, de quien ya he hablado otras veces. La segunda es una crónica enjuta, directa y brutal de una serie de crímenes en los que se vio involucrada la mafia siciliana a principios del siglo anterior. Los Sacco son una familia honrada y trabajadora que decide no ceder a la extorsión mafiosa. Empiezan entonces a sufrir accidentes mientras policía, jueces y políticos miran hacia otro lado (cuando no actúan directamente en su contra), de modo que al final no les queda más remedio que echarse al monte y asesinar a sus asesinos. Por supuesto todo acaba perfectamente mal, pero su lectura es un pequeño placer.

El monstruo de Hawkline, de Richard Brautigan, es una novela encantadora que cuenta las andanzas de dos vaqueros que son contratados por una india, Chica Mágica, para matar un monstruo. Sólo que el monstruo no es del tipo esperado (garras, colmillos, fuego y terror) sino algo más extraño que impregna toda la historia.

Leo en la wikipedia que Brautigan era esquizofrénico. Ajá.

Callejones en tinieblas, de Robert Howard, es una recopilación de relatos sobre un marinero pendenciero de mandíbula granítica y puños de acero que vive más de sus combates de boxeo amateur que de su profesión. Son historias de aventuras divertidas, descerebradas, que transcurren en ese mundo mítico y peligroso que son los Mares del Sur, repleto de criminales, traficantes, asesinos y mujeres fatales.

Proyecto esposa, de Graeme Simsion, es una novela ligera, una comedia (¿romántica?) muy divertida. Su protagonista, un profesor de genética solterón decide enfocar sus esfuerzos en una tarea titánica: conseguir desarrollar un sistema que le permita filtrar candidatas para su matrimonio. Pero interfieren los humanos, estropeándolo todo, y todo sale del revés. Es decir, muy bien.


[1] Dado que estas dos novelas cuentan las peripecias desde la adolescencia al matrimonio de varias hermanas, la tentación de compararlas con Orgullo y Prejuicio es enorme. Pero no hay color: una sociedad con tantas normas y tan reprimida como la inglesa de 1800 resulta mucho más sexual (con sus hipocresías y sus miserias) que la americana de 1860, plagada de puritanos imbéciles. Aparte, Austen es una escritora maravillosa con un gran sentido del humor y Alcott no.

[2] Sospecho que a veces digo esto de varias cosas a la vez. Esto me pasa por no hacer listas.

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Wednesday, March 11, 2015

Subnormales Anónimos (13)

Ya en época del magnífico Alejandro Borgia era costumbre que el primer hijo varón heredara títulos y tierras mientras el segundo emprendía dignísima y divina carrera eclesiástica, una segunda vía para el enriquecimiento —personal, espiritual, económico y sentimental— que no podía dejarse de lado. Por supuesto hablamos de familias de bien. Los pobres siempre se han delectado en miserias, aventuras y sordideces que no han lugar aquí.

Con el paso de los años, sin embargo, decayó esta sana costumbre familiar y se substituyó poco a poco por otra: el segundo hijo debía estudiar, abrirse camino, asfaltar carreteras (metafóricamente), tender puentes (ídem), tejer su vida con el hilo del destino político y empresarial de la nación (esto es literal), de modo que se hiciera uno consigo mismo y con la Patria (literalísimo).

¿Y qué decir del segundo hijo del segundo hijo? Pues lo mismo y con dos tazas.

Si tu abuelo es Grande de España, tres tazas.



El camino de Morenés estaba trazado en las estrellas y sólo había que tener ojos para seguirlo: universidad del Opus Dei, universidad de la Compañía de Jesús, pequeño bufete de abogados, Astilleros Españoles, Instituto Nacional de Indstria, Secretario de Estado de Defensa, de Política Científica y Tecnológica, Secretario General del Círculo de Empresarios, Presidente del Consejo de Administración de Construcciones Navales del Norte, director general de la empresa de misiles MBDA, consejero de la Instalaza SA, inventor y representante de la consejería unipersonal Boguillas SL, presidente de SegurIbérica... Y finalmente ministro de Defensa. Por fin un puesto cabal a la altura de la Historia. Un puesto para atraerlos a todos y gestionar mejor esos contratos con empresas a las que representaba hace poco, a veces de forma fantasma.

Un puesto que le permitió solucionar discretamente una reclamación al estado (de cuarenta millones de nada) que había tramitado Instalaza (estando él mismo de consejero) por un quítame allá esas bombas de racimo que matan más civiles que militares.

Un puesto que le permite, en fin, leer en el congreso los apuntes que le pasan sus secretarios, vestir bonitos trajes y asistir a los bautizos, bodas y comuniones de sus primos sin pasar vergüenza de clase.

Un puesto que sin embargo no exige sensibilidad, coraje ni decencia, por lo que no se explican las críticas que ha recibido por verter sal, vinagre y bilis sobre una víctima de abusos. ¡Qué locura: nada de eso entraba en sus competencias!

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Wednesday, March 4, 2015

PeT nº 279 (le stade du miroir)

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Thursday, February 26, 2015

PeT nº 278 (el águila)

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