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Miscelánea.

Friday, September 23, 2016

Pelayert

—¡Don Pelayo, abráceme fuerte!
—¡Llámame de tú, amor mío!
—¡Ay, no, no me atrevo! ¿Qué dirían mis padres?



—¡Ay, Dios mío, un paparazzo!
—¡No blasfemes, malandrín, ahora tendré que castigarte!
—¡Ohhh!


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Tuesday, September 13, 2016

¡Es la ética, estúpido!

—Usted dijo que tenían que nombrar un funcionario.
—Exacto.
—Pero no tiene por qué serlo.
—Exacto también.
—Entonces usted mintió.
—No sabría decirle.
—Si usted mintió entonces debería dimitir.
—Entonces no es nada exacto, claro que no.
—...
—Entonces es que siempre hemos nombrado funcionarios.



—¿Y quién decide a quién se nombra?
—Una comisión.
—¿Y quiénes son sus miembros?
—¡Es una comisión secreta!
—¿Y qué otros candidatos había?
—¡Son candidatos ULTRA secretos!
—Pero Soria...
—Soria es el mejor candidato, desde un punto de vista técnico.
—¡Pero si tenía dinero en paraísos fiscales!
—Pero eso no es delito, si acaso un problema político.
—¡Pero está feo!
—¿Pero usted nos ha visto bien?
—Ahí tiene razón.
—Pues eso.



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Friday, July 22, 2016

Bicho a la sal

Pese a las promesas que nos hicieron Los Supersónicos, a día de hoy no contamos con esclavos robots ni coches voladores, por lo que sigue siendo necesario encargarse de la mayoría de labores del hogar. Es decir, al menos cuando no puedes engañar a nadie para que las haga por ti.

A veces, incluso, hay que entrar en la cocina y buscar algo de comer.

Algo que no sea pasta. Ni cereales. Ni tostadas. Algo que no venga en lata. Algo que no sea algún tipo de carne para hacer a la plancha. Ni partes desconocidas de pollo. Ni embutidos ni queso.

A veces hay que rendirse a la evidencia y bajar a la calle a capturar algo comestible. Algo que tenga pocos puntos de combate, sea fácil de cocinar y viva por tu zona. Algo como un pok... ¡como una lubina!



La lubina es un pez peligrosísimo, de un tamaño descomunal, agresivo, al que sólo puede vencerse en combate singular tras muchísimos esfuerzos.



Es por esto que es mucho mejor pasarse por la pescadería y comprarla ya vencida y desarmada. Para una persona de tamaño normal una lubina de algo más de medio kilo está bien. Si es usted un gordo, duplique esta cantidad con sanísima y despreocupada felicidad. Según mis últimas incursiones en el mercado el precio ronda los diez euros el kilogramo.

Si usted vive a quinientos kilómetros de la costa mejor capture otra cosa. Por ejemplo, un niño. En los parques infantiles hay muchísimos y probablemente nadie los eche de menos.

¡Hagamos la lubina a la sal!

Para ello, siga este proceso: 1) limpie la lubina; 2) humedezca ligeramente un kilo de sal gorda; 3) encienda el horno a 200 grados Celsius o poco más; 4) ponga una capa de sal de medio centímetro sobre una bandeja; 5) ponga la lubina sobre esa capa de sal y recúbrala con más sal, formando una capa a su alrededor; 6) ponga la bandeja con el pez en el horno durante diez o quince minutos y listo. 7) Cuando saque la lubina del horno, retire la sal (que saldrá como una costra rígida) y limpie el bicho.



Como el horno nos deja quince minutos libres, bien podemos cazar unas patatas, cortarlas en rodajas y freírlas. Si se siente con ánimos bien puede añadir pimientos y cebollas y hacerlas a lo pobre. Por supuesto, tenga muchísimo cuidado a la hora de elegir las patatas, son unos elementos de cuidado. Embósquelas sin que se den cuenta.



Si sigue todos estos pasos cuidadosamente comprobará que tarda sólo treinta minutos en preparar la comida y aproximadamente un tercio de ese tiempo en hacerla desaparecer de la faz de la tierra. ¡Ése es el problema de cocinar en casa, que no cunde nada y encima no tienes a nadie para que te traiga el café mientras pasas la sobremesa charlando con unos colegas con menos vida social que tú!



Nota del bloguero irresponsable: Todo este post ha sido realizado bajo la supervisión de varios adultos que salían muy pequeñitos en youtube haciéndole cosas a distintos peces, cada uno según su habilidad y sus manías.

Adjunto la prueba gráfica de que todo este proceso puede hacerse sin romper nada:



¡Seguiremos investigando!




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Wednesday, July 20, 2016

Apocalipsis, Dory, Warcraft, alienos y zombis

Hace tanto que no hago reseñitas que no voy siquiera a intentar recordar todo lo que he visto durante estos meses de sanísima inapetencia blogueril. Dicho esto, vamos con el repaso rápido a algunas películas recientes.

Orgullo, prejuicio y zombies es peor que mala: es aburrida, previsible y los actores se merecen un viaje sólo-de-ida a la Luna.

Independence Day II es una castaña. La película original era chanante. Se reía indisimuladamente de la mitificación militar americana, de los tópicos del cine de invasores espaciales y de prácticamente todo lo que salía en pantalla. Juntaba melodrama barato con épica garrafón sin vergüenza ninguna y salía airosa del envite. Maravillosa ciencia ficción cutre con gran presupuesto. Una película que no me canso de ver y de recomendar a todos los seres humanos que no la han visto.



Esta segunda parte, repito, es una castaña que falla desde el mismo inicio al forzar la conexión de algunos personajes con los héroes del pasado. Goldblum, por ejemplo, mantiene a su padre (probablemente inmortal) pero no tiene ni un recuerdo para su ex (¡el amor de su vida más-o-menos!). Pullman es un viejo zumbado cuya hija es una expiloto de élite reconvertida en asesora de la nueva presidenta... ¡No sé cómo nadie ha conseguido colar toda esa idea en un guión! Will Smith sí está muerto, pero en su lugar está su hijo, un estupendo actor hecho de la mejor madera cuyo papel en la película es... recordarnos que Will Smith no ha querido salir en la película.

El padre inmortal, la hija de Pullman y el hijo de Will Smith (tal y como está) sobran. No aportan nada. Son lastre.

Solución uno: para hacer tonterías ya está Goldman. Su padre, fuera.

Desde luego, el chaval es importante porque mantiene la ilusión de cierta integración racial en Hollywood, pero su personaje es apenas un bosquejo absurdo. Habría sido mejor que le diesen el papel de héroe que hace Liam Hemsworth, porque tener dos machos alfa repartiéndose toñas y líneas que apenas dan para un personaje es un desperdicio de metraje, recursos e inteligencia.

Solución dos: dejar a Hemsworth en casa y reescribir entero el personaje del hijo de Will Smith (y contratar a un actor de verdad).

Aparecen un par de personajes nuevos de origen chino. Me parece una grandísima idea... que está completamente desaprovechada. Él es apenas una caricatura y ella es la mitad de la mitad de eso, quedando únicamente como interés amoroso del sidekick de Hemsworth.

Solución tres: eliminar la hija de Pullman y darle todo su papel a la piloto china. Como las dos tramas amorosas son ridículas se podrían eliminar perfectamente. Habrían quedado dos pilotos de combate para hacer todas las heroicidades y Goldblum para hacer sus cosas de genio loco. El sidekick, que se deje bigote y muera como un Goose cualquiera.

Aparte del despiporre de los personajes la película aporta una innovación asombrosa (por lo mala) en el género de aventuras: introduce un Deus Ex Machina que luego SÓLO SIRVE DE CEBO. Otra cosa no, pero original es. (Mencionemos con temor reverencial que el final de la película abre, gracias a ese personaje, la posibilidad de una secuela).

La historia, tan idiota como como los alienígenas. (¿Cómo diablos una gente tan incapaz consiguió llegar al espacio y dominar la galaxia? Dios mío, ¿cómo son de bobas las demás especies 'inteligentes' del universo?)

Buscando a Dory es un tostón. Dory era un gran personaje secundario porque, aunque tiene un único chiste, es un chiste excelente. Sin embargo como protagonista resulta agotadora e irritante. ¿Cuántas veces puede ser divertido que alguien olvide las cosas? Tres, seguro. Treinta, ni por asomo. La acompañan en la aventura los dos peces payaso más sosos del mundo y algunos secundarios que no están mal, pero que son insuficientes para levantar una historia que nunca sorprende y que está minada de flash-backs abominables.

Quizás a los niños les guste. Pero, claro, hay niños que ven La Patrulla Canina, que es pura bazofia.



X-Men: Apocalipsis tiene una gestión de personajes similar a la de Independence Day II: hay demasiado minion sin interés, personalidad ni minutos. El ejemplo paradigmático de esto es Psylocke: molestarse en contratar a Olivia Munn para que luego sólo diga dos frases es un sinsentido absoluto. Si tienes mucho que contar haz dos películas. Si no tienes nada que contar no amontones gente con la esperanza (vana) de que alguno caiga en gracia y se vuelva en un imán para la taquilla. Mucho menos si decides cargarte la historia canónica del personaje para substituirla por nada-en-absoluto.

Aparte de esto lo demás también está hecho con los pies. Es como leer un tebeo de Lobdell, pero con menos charlas en los tejados.

Un horror. Espero que se la hayan ahorrado.

Warcraft es, de todo el lote, la única que me ha divertido. Es una historia clásica de indios y vaqueros, pero con magos de por medio. Por supuesto los indios (los orcos) son los más simpáticos, los que más molan y los que mejor actúan (son CGI). Los vaqueros (los humanos), por otra parte, son gente arisca e intransigente, con tendencia a hacer lo que les diga el Trump de turno. Batallas, traiciones, guiños y todo lo necesario para acompañar un cubo de palomitas. Malilla pero entrañable.

(A mis colegas les ha parecido abominable, por lo que no descarto que cambie de colegas en breve. Ya pondré un anuncio.)


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Wednesday, July 13, 2016

[Dramatización]

Una pareja entra un bar irlandés cualquiera. Hay un billar, unos dardos, varias mesas de madera, una selección animada de cervezas y una carta repleta de comida hipercalórica. Aún hay poca gente pero el ambiente se va animando según avanza la tarde. La pareja tiene pinta de conocerse poco.

—Jiji.
—Jiji.

Ella trae una vestidito estampado de una pieza que parece un pijama de pantalón corto. Él rezuma virilidad muy contenida, lleva pantalones vaqueros por la rodilla, un polo y unos náuticos. Se miran con cara de no haber atinado con la ropa.

—¿Qué quieres beber?
—Yo siempre pido Cruzcampo.
—Yo quiero media pinta de cerveza de trigo.
—Pues yo también.

El camarero les pone las cervezas en la barra y ellos deciden quedarse allí. Una mesa sería algo demasiado íntimo para lo que quizás sea una primera cita. Ella es rubia y tiene gafas. Él lleva pelo corto y barba corta. Imposible saber si lo hace a propósito o si acaba de bajarse del barco.

—Caramba, cuánta gente está entrando.
—Sí, es que hoy hay fútbol.

Personas de talla extragrande entran en el local y se sientan con otros de su misma especie. Van todos vestidos con desgana. Piden bebidas variadas: café, sidra, cerveza, cocacola zero-cero y cruzcampo. Otro grupo más juvenil entra y se esparce por varias mesas. Unas chicas buscan un hueco en una esquina del local. Una pareja mayor se decide por una mesa alta, frente a una pantalla gigante donde unos señores corretean en ropa interior por un campo de hierba. La pareja se encoge un poco sobre sus taburetes mientras ojea una carta. Sus ojillos se deslizan por los platos buscando una señal que no llega.

—No hay nada...
—¡Hay hamburguesas! ¡Y sándwiches! ¡Y alitas, y costillas y pollo con chile!
—Pero es todo muy pesado.
—Bueno, mira, también hay nachos. Podemos compartir unos nachos.
—"Montaña de nachos". ¿No será mucho?
—Mujer, que somos dos.

La montaña de nachos es un cono de 25 cm de diámetro y 15 cm de altura. Lleva jalapeños, queso, bacon, guacamole... Unos metros más allá un tipo con gafas calcula: "Un octavo de metro al cuadrado, por pi, por un tercio, por un sexto de metro de altura, por poco menos de la mitad de la densidad del agua... Son casi quinientos dividido entre cuatrocientos: digamos un kilo de nachos para una piltrafa humana y una chavala. Van a morir."

—Ay, esto es muy grande.
—Qué va, mujer.
—Vas a tener que comértelo casi todo tú.
—Bueno, con mucha cerveza a lo mejor.
—¿Quieres otra media pinta?
—¡Pero si aún me queda la mitad!



La montaña de nachos, impasible, resiste los primeros ataques. Apenas si son picoteos nerviosos. Un trocito de nacho con queso. Una pizquita de guacamole. Una puntita de bacon. Las medias pintas tampoco bajan. Ella bebe despacio, saboreando la cerveza. Él nunca ha salido de la cruzcampo. Parece que tenga que digerir cada sorbo.

—¿No te gusta la cerveza?
—Ehh, sí, sí, mucho, pero es que es tan densa...
—¡Está muy rica!

El bar se agita aburrido. Suspiros. Gestos cansados. Camareros yendo de una lado a otro. Los señores en ropa interior parecen sin ideas. Los espectadores piden más bebidas que mejoren el juego en la pantalla. Aquí y allá la gente saca sus móviles para comprobar cualquier cosa. La chica del casi-pijama comprueba su whatsapp. El chico la mira, mira los nachos, bebe un poco de cerveza, bufa, saca su móvil.

—...
—...

Nachos con queso, bacon y jalapeños. Cerveza. El chaval se da cuenta de que ha elegido fatal el lugar, el plato y la bebida. Reprime un eructo. Mira el plato que no acaba. Mira la cerveza de trigo. Recuerda una película que vio una vez sobre algo parecido. Alguien grita "UUUYYY".

—*BURP*
—¿Qué decías?
—Que si quieres otra.
—Claro, jiji, otra.

Llegan dos nuevas medias pintas de trigo. El camarero los mira con sonrisa cómplice. Ese tipo de sonrisa que te ponen los camareros más experimentados y que dice: "Macho, os habéis cubierto de gloria, si en algún momento habíais pensado en acabar follando hoy..." La chica mira al camarero, leyendo su mente y respondiendo con una sonrisa sincera: "Oiga, ¿no ve qué cara traigo? ¿Y el pijama? Este tío es majete pero menos atractivo que un nardo, por eso le he dejado pistas sutiles para que ni se lo plantee". El chaval, disléxico en esto de leer caras, parpadea y bebe un sorbito de su sopa de lúpulo y trigo fermentado.

—Ay, qué bien nos lo estamos pasando, ya llevamos dos horas aquí.
—Sí, ¿verdad?
—Es incluso tarde, yo ya debería ir recogiendo, que mañana trabajo.
—Sí, claro, claro, yo también. Es que, buff, quedar en domingo.
—Exacto.

Alguien grita gol. La pareja pide la cuenta. El chico de gafas mira la media montaña de nachos, victoriosa. "Pues a mí me gusta ese pijama", dice uno gordo que pasa por allí. "A ti te gusta todo, que eres un guarro", responde su amigo. La pareja se marcha. Portugal gana Eurovisión. Más gente pide la cuenta. Es un típico domingo de bar.

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