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Miscelánea.

Wednesday, August 5, 2009

Triángulos amorosos, Camelot, mohicanos, limonada...

Hace unos días el azar, la curiosidad y la canícula me empujaron a probar una Limo&nada en mi bar habitual. Ya llevaba unas semanas bebiendo continuamente granizada de limón casera o de la heladería, así que probarla era algo que encajaba cósmicamente en este verano, paradójicamente el menos caluroso que recuerdo en años.

Y desde entonces casi no bebo otra cosa.

Si tengo que elegir entre cervezas irremediablemente servidas frescas pero no muy frías y empalagosas cocacolas, la tercera opción es la que gana. Y si no, tónica. Menuda juega de verano.

Y claro, encima mis amigos han empezado a pedir lo mismo.

- A ver, ¿qué queremos?
- Limonada.
- Limonada.
- Limonada.
- Vale, y conmigo, cuatro limonadas.
- No, espera, yo me voy a pedir una cerveza para disimular.
- Muy bien.


El asunto es que tanta tantísima sobriedad nos está dejando(*) unas conversaciones de lo más extraño. Hemos pasado de balbucear sobre chicas y Cristiano Ronaldo a analizar el porvenir de Ricky Rubio, comentar libros de economía, hablar de cine clásico... Todo muy extraño y perturbador.



Hace un par de días vi "El último tango en París", que ni me encandiló ni todo lo contrario, aunque el espantoso uso de la música y algunos personajes me crisparon tanto que la película está más cerca de no gustarme que de otra cosa.

La historia empieza cuando una chica engaña a su novio con un tipo al que apenas conoce. Comentar la relación entre los protagonistas nos sirvió de arranque ayer para hablar de Triángulos Amorosos y para distinguirlos de una mera infidelidad. Y uso las mayúsculas porque me refiero a triángulos trágicos, románticos, dolorosos, insoportables. En nuestra limonada definición dejamos claro que, para empezar, nos creemos mucho más la situación en la que dos chicos están enamorados de la misma chica. Además debe ocurrir que ella quiera a los dos chicos y que todos conozcan los sentimientos de los demás. Si no, la cosa pierde su gracia.

La situación así planteada es bastante estresante para la chica, que ni sabe ni puede ni quiere tener que elegir entre sus amantes, y definitivamente espantosa para ellos, que prefieren compartirla a perderla.

Obviamente, para meterse en un berenjenal así hay que estar enamorado como un idiota, no vale con menos, ya que en ese caso el odio a los amantes es mayor que el miedo a perderla a ella. Y claro, en esa circunstancia uno se pira, hace una masacre, llama a su madre, etc, depende de cada cual.

Hablando de triángulos llegamos a "Camelot", musical genial donde la historia de Mordred, Merlín y el Grial pasa a segundo plano y todo se centra en la historia de amor imposible entre los tres protagonistas, Arturo, Ginebra y Lancelot. Los mejores amigos, la mujer perfecta, el amor icontrolable, las burlas en la corte, los celos, etc. Richard Harris haciendo de Arturo lo borda. Es el centro de la película, el que es engañado y maniatado, pues no puede hacer daño a las personas que más quiere. Arturo sufre y su pesar arrastra a su reino con él, siendo el triángulo y no las maquinaciones de su medio hermana el verdadero desencadenante de la tragedia.

Mi película preferida sobre el mito artúrico es "Excalibur". Aunque se centra mucho más en Morgana y Merlín, también se ocupa del triángulo como debe. Hay una escena maravillosa en la que Arturo descubre a los amantes desnudos en el bosque, dormidos ambos, y alza su espada para matarlos, pero no puede. Destrozado, rabioso, triste, abandonado, clava Excalibur entre ambos y se va. Por la mañana Lancelot y Ginebra saben que han sido descubiertos, la vergüenza y la culpa los abruma y, lo que es peor, saben que Arturo no los ha matado. Arturo los quiere tanto que no es capaz de matarlos y ellos, sin embargo, lo han traicionado.

Lancelot, al ver la espada, comprende que el golpe que le ha dado al rey es letal: "¡Un rey sin espada, una tierra sin rey!", grita.

Más que la traición en sí, es el saberse culpables sin castigo lo que los destroza. Me encanta.

Aunque no es un triángulo amoroso en los mismos términos, saltamos a "El último mohicano" y su (casi) escena final. El momento en el que los protagonistas masculinos, uno tras otro, se ofrecen para sacrificarse por la chica, es espectacular. Es especialmente emotivo el sacrificio definitivo del oficial inglés, por lo que hace y por cómo se produce. Toda una película de aventuras y romance no valen lo que esa escena. Ni es comparable el amor de ellos a la tragedia desbordante de esa muerte.

Por cierto que la película acaba con otra escena memorable: la persecución maravillosa en pos de la hermana pequeña de la protagonista, la venganza, el luto...

Creo que no he visto completa demasiadas veces esta película pero esas dos últimas escenas, esos diez o quince minutos finales son oro puro, y no puedo dejar de verlos si encuentro la película en un zapeo.

Tras el repaso acabamos hablando de la sensibilidad tan alienígena de las chicas, para quienes los actos absurdo-romántico-desesperados-inútiles tienen el valor de un higo chumbo, salvo que los haga el héroe protagonista, claro.

Pero esto es un tema sin salida, ejhem.

(*) No es un plural de humildad, es que estoy incluyendo a mis amigos en el lote. Si acaso, ya me conocen, sería mayestático.





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7 Comments:

At 05 August, 2009 13:32 , Blogger Marta said...

pero esperaaaaaa!
no has dicho qué limon&nada prefieres!!
la que lleva hierbabuena o la que no?

 
At 05 August, 2009 14:56 , Blogger Efe Morningstar said...

Claro, ésa, limón y un poco de hierbabuena. Ni se me ha pasado por la cabeza probar las demás, ejhem.

 
At 05 August, 2009 16:40 , Anonymous Nelson said...

Amigo Demiurgo: tu reflexión invita a un tratamiento más personal. Precisa y preciosa mención a Excalibur. La deja clavada entre ambos amantes, efectivamente, y en ese momento atraviesa el cuerpo del bueno de Merlín y se escucha algo así como que Excalibur está clavada en la espina dorsal del Dragón (Inglaterra, la tierra) y él para arreglar el desaguisado entona El Conjuro de la Creación y... Bueno, no es momento de entusiasmarse. Un único apunte a añadir: la camaradería. ¡Qué vuelve tan dramática la estampa que presentas sino la camaradería!

 
At 05 August, 2009 16:56 , Blogger Efe Morningstar said...

Hombre, Nelson, ya decía que Arturo los quiere. Para él Lancelot es más que un amigo, un hermano, y aún más que eso.

Son compañeros de batalla, son complementarios y se saben destinados el uno al otro tanto como ambos están unidos con Ginebra, quizás más.

Es que si digo todo esto en el texto, la gente se me muere.

Me encanta "Excalibur", es una de mis películas preferidas de todos los tiempos.

 
At 05 August, 2009 17:59 , Blogger ca_in said...

Excalibur puede que sea la película que mejor refleja la esencia del ciclo artúrico. Camelot me pareció que apestaba la única vez que la vi hace muchos años, desde hace poco la tengo pendiente de volver a ver tras reencontrarme con La leyenda de la Ciudad sin Nombre, que contiene un Triángulo Amoroso que casi no te lo crees de puro perfecto que es.

¿Más Triángulos Amorosos en el cine? Ahora mismo sólo me acuerdo de Dos hombre y un destino, pero ese sí que no hay forma de creérselo.

 
At 05 August, 2009 18:05 , Blogger Efe Morningstar said...

¡Dale otra oportunidad a Camelot, hombre de dios!

Por cierto que estuve tentado de comentar también "La leyenda de la Ciudad Sin Nombre", porque viene muchísimo al caso, pero tengo ciertos reparos: me gusta tanto que igual acabo hablando de ella también cuando hable del western, del musical, da la comedia, de Lee Marvin... Total, que iba a volverme monotemático.

La inverosimilitud de "Dos hombres y un destino" no importa, hombre, lo importante es la escena de la bicicleta, el salto al río, la despedida final...

 
At 05 August, 2009 19:49 , Blogger javi said...

http://www.youtube.com/watch?v=DV1VOIaukrQ

Y con esa musica... los pelos como escarpias oiga...

 

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