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Miscelánea.

Monday, February 15, 2010

Las Máquinas de Café

Durante un año me alimenté de máquinas de sandwiches, ramen de 0.60€ del chino, pizzas de emergencia, pasta a la carbonara, croquetas radioactivas y kebab. Fue un año durante el cual no desarrollé ninguna tara, por lo que sólo tengo buenos recuerdos.

Cada semana, por ejemplo, pedía que me devolvieran el dinero que se tragaba la máquina de los sandwiches, independientemente de que esto ocurriera o no: lo importante era saber que existía un eficiente sistema de devoluciones por defecto que te permitía comer gratis de vez en cuando.

Desde entonces las máquinas expendedoras y yo somos Uno con el Cosmos.

Este año en el centro donde realizo mis labores como mercenario educativo tenemos un par de máquinas de café, ninguna de las cuales da cambio. Esto, a priori un obstáculo para nuestra vigilia o nuestra economía, hace sin embargo que debamos estar todo el rato interactuando unos con otros, creando fuertes lazos en el grupo. Déjame diez céntimos. ¿Tienes cambio? ¿Nos tomamos un café? Te invito a algo. O bien traemos el cambio exacto o bien tenemos que negociar con algún compañero la compra conjunta de dos cafés por un euro.

Por supuesto yo me desmarqué de tanta sociabilidad el primer día que descubrí que existía una cosa llamada tarjeta-del-café: un rectángulo de plástico blanco con chip incorporado que permitía obtener el preciado combustible sin tener que usar monedas, pudiendo además recargarla siempre que quisiésemos sin ningún coste ni molestia extra.

Lamentablemente, la tarjeta carece de un sistema que recuerde al portador que debe recogerla una vez adquirido el café[1], por lo que a veces uno la olvida allí. Y, en minutos... ¡Desaparece!



Un fenómeno asociado a la desaparición de la tarjeta es el de la evaporación mágica de su saldo. Este fenómeno podemos denominarlo gorring, y se da más de lo que uno quisiera.

-Rosario, perdona, he recuperado la tarjeta del café pero no tiene saldo, y como no tengo cambio...
-No te preocupes, hombre, que yo te invito.
-Jo, muchas gracias, no sé cómo agrad...
-No te preocupes, es que antes me he tomado sin querer un colacao con tu tarjeta...
-...
-Y creo que Luis se ha tomado un café...
-...
-Y Jesús un capuchino, Manolo un cortado y Lourdes no me acuerdo bien.
-...
-Ya sabes, es que cuando se queda dentro no cobra a nadie.
-...
-¡Y nosotros pensando que el café era gratis! Hasta que hemos visto tu tarjeta, claro.
-Claro...
-Toma tu café.
-Bien.
-¿Qué se diiceeee...?
-¿Que me debéis dos euros y medio?




Afortunadamente, con el paso de los meses he empezado a desarrollar una rutina similar a la de los cajeros automáticos, de forma que meto la tarjeta, selecciono la bebida, cojo la tarjeta y luego el café con el azúcar y la cucharilla de plástico.

Olvidemos un instante que hace unas semanas olvidé coger noventa euros que acababa de sacar de un cajero.

¡Olvidémoslo, he dicho!



Las máquinas son bonitas, son nuestras amigas, nos dan dinero, café, sandwiches y cocacola. Las máquinas molan. Y no es cierto que se alimenten de personas, como se dice: sólo absorben el alma de bebés especialmente cultivados para ello. Como en Matrix, pero sin violar todas las leyes de la termodinámica y el sentido común.

[1] Obviemos esos días aciagos en los que se agota el café y el sucedáneo de leche y lo único que se saca de la máquina es una especie de suero. El suero, lo he intentado, es indigerible incluso con un montón de azúcar haciendo isla.

Nota del autor: Dibujos realizados en la pizarra de la sala de profesores de su centro. Dichos dibujos tienen una vida muy corta, ya que hay un imbécil, puede que dos, que los borran sistemáticamente. No se preocupen, estoy planeando vengarme. Qué mono soy.

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20 Comments:

At 15 February, 2010 21:47 , Blogger Bichejo said...

Haces fotos a tus dibujos por si acaso te los borran???

Eso me ha parecido super-mono...por una vez y sin que sirva de precedente...un poco triste, pero muy mono.

Del resto he pasado un poco...

 
At 15 February, 2010 21:48 , Blogger Bichejo said...

Ooooooh, he sido la primera?? Mola, pues también la segunda, que se me olvidó clicar lo del seguimiento de comentarios

 
At 15 February, 2010 22:52 , Blogger Livia said...

Alguna ventaja tenía que haber sobre la pública jijiji, nosotros tenemos una dulce monjita que nos prepara tropecientas cafeteras cada día y nos pone galletitas, a modo de venganza, para ver cómo nos pegamos (siempre quedan las que no quiere nadie, duras como piedras)
Y otra cosa, si no recoges el dinero de un cajero se lo traga de nuevo (salvo si alguien lo coge obvio) si vas al día siguiente te lo dan y ni te regañan ni nada (algo que no me ha pasado jamás ¡ni me volverá a pasar!)

 
At 15 February, 2010 23:21 , Blogger Efe Morningstar said...

Bichejo, los dibujos se borran. Deben ser borrados, la pizarra no tiene espacio infinito y si es necesario, no hay problema. Otra cosa es que con la pizarra vacía uno se dedique a borrarlos sin necesitar el espacio para escribir nada.

Pero vaya, les hice fotos porque son míos y es la única manera de guardarlos. No es triste, tiro dibujos continuamente.

Bueno, vale. Un poco asco sí que es.

Livia, estaba en un centro comercial lleno de gente, en mitad de la Capital del Profundo Sur... ¿Cuánto crees tú que tardó el dinero en evaporarse?

Exacto: aún menos que el saldo de la tarjeta del café.

 
At 15 February, 2010 23:30 , Blogger _Xisca_ said...

Estoy convencida de que te roban la tarjeta porque les gustan tus dibujos; quizá deberías probar lo que te dice Livia, a lo mejor has tenido suerte.

 
At 15 February, 2010 23:54 , Anonymous javi said...

El que idolatres a una maquina de cafe de monedas (¡una maquina de estados finitos, por el amor del carmen!) es un claro sintoma de tara, y de las gordas.

Idolatra al Becerro de Oro y a Arturo Perez Reverte, cacho hereje...

 
At 16 February, 2010 00:01 , Blogger Sota said...

Sí, realmente lo de los dibujitos es... mono.

Es una buena definición, sí.

Mono.

(y lo de la corrección del de inglés es la leche!)

 
At 16 February, 2010 00:52 , Blogger Efe Morningstar said...

Xisca, de hecho no suelo hacer dibujos en los colegios hasta que me voy. Como no pensaba que repitiera centro el curso pasado acabé bastante suelto... Y este año hay dos o tres me han pedido que les haga monitos.

Con lo vago que soy y la pereza que me da. Aghfzzxxsss. Pero no, vaya, me roban la tarjeta para beberse cafés a mi costa. Mamones.

Yo haría lo mismo, claro.

Javi, subestimas el poder oculto de la máquina de café. Yo estoy seguro que pasa el testo de Turing holgadamente. No así mis alumnos, probablemente.

Sota, así soy yo: mono. La corrección me la hizo una profesora que me quiere mal, vete tú a saber por qué.

 
At 16 February, 2010 09:11 , OpenID lironcillo said...

Pues... yo también he hecho alguna vez foto a algún dibujo realizado en algún soporte imposible de llevar a casa... sin ir más lejos, el año pasado hacíamos dibujos entre cuatro o cinco y luego había que hacer foto, claro, no íbamos a arrancar la pizarra y a hacer fotocopias.

Efe, si necesitas ayuda con lo de la venganza, cuenta conmigo. No se puede ir borrando dibujitos de los demás y salir de rositas... ¡¡¡¡MUERTE!!!! ...digo... que algo habrá que hacer...¿no?...

 
At 16 February, 2010 10:32 , Blogger toayita said...

Oh, las máquinas expendedoras!!!...yo tuve una tortuosa relación con una, en mi anterior puesto de trabajo en el levante profundo...el cambio te lo devolvía, sí...pero no había día en que no te dejara a medias...o no había leche, o no había palito para remover...o no había nada...

 
At 16 February, 2010 10:48 , Blogger Efe Morningstar said...

Lironcillo, si es que hay genta MALA de MUCHA MALDAD MALIGNA. Son tan rápidos que no me da tiempo ni a hacer foto, me descuido una hora y ¡FUAS!, desaperecen los monitos.

Toayita, a mí también me pasaba eso, de ahí que empezara a quejarme y luego, ya con a inercia, a pedir dinero porque sí.

 
At 16 February, 2010 11:50 , Blogger Pal said...

QUIERO UN CAFÉ!!! si sigue nevando así voy a morir helada, o de sueño (si, me da sopor el frío)

¿Tu tienes problemas con la máquina de café? yo no tengo máquina de café, ni derecho a consumir del que tienen los empleados fijos y no, no me dejan bajar 5min a por uno. JO DE TE.

Mándame uno andaaaaaaaa.

 
At 16 February, 2010 12:19 , Blogger molinos said...

Primero, tu adicción a una bebida que sale por unas tuberías que no has visto y cae en un vaso de plástico derivado del petróleo, explica muchas cosas. Entre ellas, tu jersey de escamas.

Segundo, me parece la leche que hagas chorridinujos en la pizarra de tu cole y no hagas lo que tienes que hacer.

Tercero, sigue así y te despertarás un día con una cabeza de caballo en la cama...eso si..con la tarjeta de la máquina de café entre los dientes.

he dicho

 
At 16 February, 2010 13:39 , Blogger Efe Morningstar said...

Pal, cada día me dices cosas más bonitas. ¡Nada de café, invita tú!

Molinos, mi intuición me dice que quieres un dibujo. Tengo que revidar mi intuición porque eso no puede ser.

Será la edad, que no perdona.

 
At 16 February, 2010 15:03 , Blogger Pal said...

Lo de JO DE TE no era por ti!! jooo me tienes cruzada.. snif

Yo te invito a café cuando vengas!

 
At 16 February, 2010 15:36 , Anonymous Anonymous said...

Ja, Ja, Me reconozco en la lucha máquina café, pérdida diaria de centimos (que al final suman), compañeros que tienen la dichosa tarjetita y engulle de ese suero asqueroso dia si y otro también (siempre, siempre falta algo!), pero lo mejor del post....los dibujos.
Bluemoon

 
At 16 February, 2010 17:51 , Blogger ca_in said...

La única máquina expendedora que se ha ganado mi cariño fue una de chuches en el metro que además de no tragarse nunca las monedas (que era la norma entre sus compañeras), te daba cuatro o cinco cajas del chuche elegido. Me puse triste cuando la jubilaron y, a pesar de los muchos años que han pasado, no he encontrado otra máquina similar.

 
At 16 February, 2010 18:25 , Blogger Cattz said...

A mí me gustaba la de mi facultad, que después de tragarse unas cuantas monedas de 20 duros (y sin posibilidad de reclamar a nadie), descubrí que me cabía la mano por la ranura de salida de chuches. Los chicles de fresa pasaron a estar permanentemente agotados y yo desarrollé tolerancia al sorbitol.

 
At 16 February, 2010 20:06 , Blogger Efe Morningstar said...

Pal, sí, errr, eso. Claro, claro.

Blue, nada de perder dinero. ¡De momento mi saldo con esas máquinas es positivo!

Caín, es una historia muy bonita. Se la he leído a mi abuela y se ha puesto a llorar. Me siento como en una novela de Dickens.

Cattz, la tolerancia al sorbitol es una habilidad interesante. Espero que no necesites nunca de sus efectos secundarios, claro.

 
At 16 February, 2010 23:14 , Blogger Pal said...

JAJAJAJ me había perdido las fotos!!! ahora mola más tu post (todavía más)

 

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