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Miscelánea.

Tuesday, June 4, 2013

El giro de cincuenta y siete grados

Cuando se despertó no recordaba nada de la noche anterior ni, a decir verdad, de las veintitrés que la habían precedido. El Ministro estaba tumbado sobre unos cartones muy bien dispuestos entre dos contenedores de basura y se notaba algo entumecido, un poco hinchado y le dolían ligeramente los riñones. Tenía las gafas sucias, la barba mal afeitada y el pelo estropajoso. Parecía que hubiera dormido en la calle por primera vez en la vida y ni siquiera tenía muy claro qué hora era, cómo se llamaba, dónde estaba ni por qué tenía la sensación de que su vida acababa de dar un giro de cincuenta y siete grados hacia alguna parte.

Entonces lo deslumbró el flash de una cámara. Después otra. Y luego otra, otra y mil más.

Antes de una hora el Ministro era la comidilla de las redes sociales. En dos horas era portada de los principales medios digitales y antes de un día su cara grisácea y descuidada abría las portadas de toda la prensa analógica nacional. El presunto secuestro había finalizado y la víctima había regresado indemne tras casi dos meses desaparecida. Un examen superficial mostró que tenía todos los dedos en su sitio, el número correcto de costillas, de brazos y piernas, un corazón, un cerebro, un hígado, un aparato urogenital semifuncional... La cartera no, la cartera se la habían robado aunque era imposible saber si había sido cosa de los secuestradores o de algún espontáneo que había madrugado más que nadie.

El examen médico oficial, sin embargo, se hizo esperar. Pasaron cuarenta y ocho horas, setenta y dos y hasta noventa y seis y nadie salía del hospital a dar una rueda de prensa. Cada minuto que pasaba sin noticias aumentaban las dudas en los televidentes y los rumores en la red. ¿Le habían extirpado el bazo al político? ¿Qué era el bazo? ¿Tenía un mequiñe menos en la mano izquierda? ¿Había sido emasculado? ¿Habían cambiado su intestino delgado por una manguera? ¿Tenía profundamente introducido en el recto una botella de vino? ¿Pero qué vino? ¿Un Rioja? ¿Quizás un Ribera? ¿Le habían sacado un riñón y, con él, su alma inmortal? ¿Era el Ministro un buen católico? ¿Había sido torturado hasta revelar secretos de Estado? ¿Sabía realmente alguno? ¿Era el padre de sus hijos? ¿Los secuestradores eran rumanos, polacos, paraguayos, bosnios...? ¿No serían terroristas islámicos? ¿Y si era el GRAPO? ¿Quiénes, además de los jugadores del Trivial Pursuit de la edición española de 1984, recordaban qué significaban esas siglas? ¿Había sido todo una venganza, una amenaza, un ajuste de cuentas, una advertencia? ¿Y si todo había sido una farsa y el diputado había pasado un mes y medio en Río, alejado de su santa esposa y sus bellos hijos?

Al quinto día se filtró en la red una ecografía que obligó al Gobierno a dar la cara.

El Ministro estaba sanísimo. Todos sus órganos estaban en perfecto estado. Su salud mental era excelente. Sólo que... Había sufrido un par de operaciones importantes. En la primera le habían injertado junto al páncreas un cilindro pequeño de material plástico que se degradaba poco a poco, liberando un variado cóctel de productos químicos en su sangre. En la segunda, quizás realizada dos o tres días después, se le había transplantado una bolsa orgánica que contenía... Bueno, era una placenta. Y en su interior había un embrión perfectamente viable. Ambos estaban conectados al aparato circulatorio del anfitrión y sostenidos en su abdomen mediante una intrincada red de fibras cosidas al colon. No quedaba más remedio que proseguir con la gestación y más adelante sacar el bebé mediante una cesárea experimental, interior, que permitiría al padre evitar las cicatrices en la playa.

El Ministro estaba embarazado e iba a dar a luz un hijo por el ano.

Justo tras la rueda de prensa el Comando Tele Ectópico reclamó para sí la autoría del secuestro. En el vídeo subido a youtube se podían ver tres peligrosos terroristas encapuchados sentados tras una mesa. Los tres llevaban camisetas verdes que resaltaban divinamente con el fondo morado de la habitación. A la izquierda de la imagen se apreciaba una camilla de hospital y sobre la mesa había dos ordenadores, cuadernos y algunos bolígrafos de aspecto peligroso. Los terroristas ocultaban además ciertos bultos sospechosos bajo la ropa que, tras rápida investigación, La Razón identificó con seguridad: eran tetas.

Desde ese momento no hubo otra noticia que no fuese el hijo del Ministro. En la televisión se especulaba sobre su sexo y le buscaban nombre, en la prensa de izquierdas se circunnavegaba alrededor de la posibilidad teórica de la interrupción del embarazo, en la prensa monárquica se considaraba promover la beatificación del padre, la Conferencia Episcopal sufría ante la tentación de señalar al niño como el Anticristo. Internet era una fiesta y las bromas de saldo, los collages y las fotos trucadas estaban a la orden del día, sin que nadie, salvo los inconformistas de siempre, se cansaran del chiste. El protagonista involuntario de la historia, mientras tanto, repleto como estaba de hormonas y de depresores del sistema inmunitario, penaba en la cama del hospital y se amasaba temerariamente sus pechos.



A una semana del parto, el hospital hizo pública la noticia de que el feto parecía ser demasiado pequeño y tener ligeras malformaciones, lo que despertó un debate breve y estéril sobre la conveniencia o no de seguir con el embarazo: el partido del gobierno jamás dejaría en la estacada a un español (y votante) potencial, pues tal era su deber como Salvaguarda Moral de Occidente. La oposición, por su parte, llevaba años sin molestar y no iba a empezar ahora.

A tres días de la operación final estaba bastante claro que el bebé tenía una pequeña cola peluda y orejas puntiagudas.

Rouco Varela, en su humilde palacio arzobispal de setenta habitaciones (todas con televisión) hacía acopio de agua bendita.

Un día antes del nacimiento el Ministro lloraba a mares y gritaba a todo el que pasaba por allí que él no estaba preparado para ser madre, que prefería que le sacaran al niño por otra parte, que lo había pensado mejor y era masón, ateo, pagano y comunista estricto, que no le gustaban tanto las mujeres, que se había casado porque tenía que aparentar, que era del Atlético de Madrid, que su primer voto fue al partido comunista por una confusión, que jamás había aprobado filosofía de cuarto y que sus gafas no tenían graduación real.

El día de la operación todo salió perfecto y el Ministro tuvo un precioso lince ibérico de trescientos veinte gramos.

"¿Y qué hay más español que un lince ibérico?", dijo oportuno el presidente de gobierno.

Luego añadió, en voz baja: "Lástima que no vote".

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18 Comments:

At 04 June, 2013 23:21 , Blogger Àlex Esteve said...

Mis padres deben de preguntarse por qué me estoy partiendo de risa a estas horas.

 
At 05 June, 2013 06:55 , Blogger NáN said...

Sí señor, realismo con R mayúscula. Quizá nos falte todavía un poco de tecnología, pero como los científicos están en casa sin trabajo, (y si son científicas, además del cabreo profesional, están cabreadas como monas por los atentados a su mujeridad) a poco que se pongan embarazan a todos los gobiernos y poderes plenipotenciarios.

 
At 05 June, 2013 07:14 , Blogger Gárgamel said...

Y gracias a las reformas de nuestros líderes el pequeño JoseMari tendrá garantizada una educación de calidad y libre de ideologías y libre circulación por la España de más allá de los Pirineos.

 
At 05 June, 2013 09:41 , Blogger Inés said...

Sembrado. Estás sembrado. Plas, plas, plas, plas.

 
At 05 June, 2013 10:00 , Blogger bequipequi said...

Pues a mí las cesáreas me parecen inventos del demonio que arrebatan al Señor el poder de decisión sobre la vida y la muerte en el momento del parto. "Parirás a los hijos con dolor" dijo el Señor...

Vamos, que por mí el ministro que traiga ese lince al mundo por salva sea la parte, a ser posible sin epidural tampoco

 
At 05 June, 2013 10:04 , Blogger Microalgo said...

Yo sigo insistiendo en que me debería Usted pasar el contacto de su camello. O bueno, si no tiene tarjeta de visita (que no suelen), dígame en qué esquina se aposta y yo ya si eso lo busco.

 
At 05 June, 2013 10:22 , Blogger Pétalo said...

Muy fan, XD

 
At 05 June, 2013 11:32 , Blogger Óron Mornen said...

Nos va a pedir que le llamemos Loreta, lo veo. El ministro, no efe.

 
At 05 June, 2013 12:11 , Blogger JJ said...

Reconozco que empecé a leer pensando en Wert. Vaya imagen...

 
At 05 June, 2013 13:46 , Blogger Ana María said...

Estaba leyendo y al principio me pareció muy Black Mirror 1x01. Después me he dado cuenta de que es más bien los Serrano, pero no.

Sería... efectivamente, una fiesta. Si alguna vez pasa algo así, recordad los gorros de papel, los matasuegras y las serpentinas. El confeti lo pone Ana Mato ;)

:*

 
At 05 June, 2013 14:02 , Blogger Martes said...

¡Esto es muy grande! (Como estoy desconectada, me hubiera costado pillarlo sin el monito; una vez más, gracias por explicarlo todo con dibujitos para que la gente como yo lo entienda). Es una lástima tremenda horrible que no sea verdad. Porque sería un puntazo tremendo.

 
At 05 June, 2013 15:07 , Blogger Gwyn said...

Yo le veo más influencias de Amor Apropiado de Greg Egan y un poquito de Fringe.

Es malvado, mucho. Me encanta. Se lo he recomendado a varias personas ya.

 
At 05 June, 2013 16:18 , Blogger Totoro said...

Yo estoy con Bequi...que es eso tan ateo de cesarea?... naaa... a pelo como un machote... este... como un... bueno eso.
Tremendo EFE... me ha encantado!

 
At 05 June, 2013 17:57 , Blogger ca_in said...

No sé de qué se queja el sr.ministro. Más español que un lince ibérico es un toro bravo, y un ternerito sí que le habría dado problemas.

 
At 05 June, 2013 21:40 , Blogger Sota said...

BEST.

POST.

EVER.

 
At 05 June, 2013 22:33 , Blogger Efe Morningstar said...

Álex, esto te pasa por tener padres y, errr, estar con ellos a las 11:20. ¿Es que no trabajas? VAGO, MALEANTE.

Sota, eso lo dices porque eres un sádico maledicente.

Caín, pues no había caído. Intenté pensar en algo muy español y no caí en eso. Un poco demasiado grande, de todos modos. Habría sido muy gore.

Totoro, la cesárea es imprescindible. Ya sabes, por razones anatómicas.

NáN, por todos es sabido que lo mío es el slices of life. El género y yo somos uno.

Gárgamel, educación de calidad quizás no pero títulos, títulos tendrá todos los que quiera.

Inés, sí, sí, son las siestas de cinco horas, que dejan mucho poso.

Bequi, para eso habría tenido que poner una válvula en el colon, ehhh... Bueno, con más espacio se podría haber explicado pero es mejor dejar estas cosas lo más sencillas que se pueda. ¿No te vale con lo incómodo que habría sido el (largo) postoperatorio?

Micro, sólo me alimento de café y tomates, eso me mantiene sano como una pera y me evita estar colgado de los ibuprofenos. Pero ya.

Pétalo, ya, pero, ¿y los cheques?

Óron, hombre, Loreta no, que es feísimo. María Purificación, sin embargo, le pega mucho más.

JJ, mmmm, no, Wert ya tuvo bastante ayer con el desprecio público al que lo sometieron. Bueno, no.

Mmm... Wert... Wert...

Ana María, si pasara algo así Tele5 se haría de oro con los Especiales Televisivos, las tertulias, los debates y los combates en el barro.

Martes, te veo haciendo de enfermera con una sonrisa en la cara. Menos mal que eres filóloga. Qué peligro todo.

Gwyn, pues fíjate que leí Axiomático hace un año y pico y me encantó, pero no recuerdo bien ese cuento. Mi memoria es muy de andar por casa. De andar y tropezarse mucho con los muebles que llevan años allí.

 
At 06 June, 2013 10:54 , Blogger molinos said...

Yo había empezado pensando que era Wert...de todos modos creo que deberías seguir la historia..criar un lince ibérico...un planazo.

 
At 07 June, 2013 14:01 , Blogger Teresa said...

Solo un pequeño apunte: la placenta no es la bolsa si no lo que proporciona alimento al feto durante todo el embarazo.

 

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