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Miscelánea.

Monday, December 30, 2013

La lavadora florentina

Cuando uno es joven hace locuras. Si además es pobre, lo que hace es ahorrar cuatro perras gordas, salir del país y ver mundo en compañía de amiguetes. De hecho, como ver mundo puede ser nocivo y sospechoso, uno se limita a verlo muy superficialmente, sin arañar demasiado la superficie no sea que se rompa y toda la ponzoña interior salga a flote.

Para eso inventó Dios interrail. Y luego le puso un precio. Y un tope de edad.

El procedimiento para realizar un viaje semejante es sencillo. Primero hay que conseguir el dinero del billete, luego encontrar voluntarios, después hay que convencerlos y por último hay que persuadirlos de que vayan donde tú quieras en las fechas que te vienen bien y no en otras.

Una vez organizada la parte teórica del viaje (en la que se incluyen amenos debates sobre itinerarios, destinos, vetos, manías y demás), que no siempre es tan sencilla como parece debido a que siempre hay quienes se niegan a comer mal, dormir de pie, lavarse poco o parar en campings o albergues (¡gentuza burguesa!), el grupo se divide en dos naturalezas esenciales.

Hay quien cree que lo mejor es ir lavando la ropa como buenamente se pueda, poco a poco.

Y hay quienes piensan que es mejor acumular la podredumbre en una bolsa y lavarla a medio viaje.

Recuerdo cierto viaje, hace ya mil años, en que se dieron ambas estrategias. Mientras una mayoría femenina decidió llevar poca ropa e irla lavando día a día, algunos chicos (anónimos) pensaron que era mucho mejor cargar con mochilas enormes y parar algún día en alguna lavandería o similar.

Como todo el mundo sabe, llevar cinco kilos de ropa sucia en la mochila es siempre una buena idea.

Aquel año la sempiterna ola de calor estival decidió postergarse lo justo para coincidir día a día con el viaje. El itinerario, que bordeaba la costa mediterránea, no ayudaba de ninguna de las maneras: la ropa se impregnaba de sudor, suciedad y mugre a un ritmo imposible de igualar y se hacía necesario cambiarse a medio día, ducharse más de lo previsto (¡con lo que eso desgasta!) y, desde luego, acumular rápidamente montones de mudas con vida propia en una bolsa especialmente diseñada por un supermercado para llevar tomates.

A los diez días ya no quedaba nada limpio en las mochilas de nuestros jóvenes héroes. Litros y litros de espacio mal distribuido estaban repletos de camisetas al borde mismo del suicidio, pantalones viscosos y ropa interior que no desentonaría en un contenedor de basura.

Entonces intervino Dios y puso una hermosa lavadora con capacidad infinita en un albergue de Florencia.

Aunque nosotros la llamábamos y la seguimos llamando Firenze, para demostrar que somos gente viajada y nada snob.



Los chavales hicieron un alto, abrieron sus mochilas, sacaron su infecto contenido y lo vertieron en la máquina. Programa: lavado, centrifugado y secado. Diez kilos de mezcla homogénea de porquería y algodón iban a ser desalienadas sin remedio a mil doscientas revoluciones por minuto.

Al día siguiente el viaje se reanudó sin pausa, príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, rocín flaco, etc.

—Dios mío, qué asco. ¿A qué huele?
—Parece la ropa.
—Imposible, la lavamos anoche. ¿Verdad, tú?
—Exacto. Está un poco rara. Algo rígida. Extraña.
—Pero limpia.
—Limpísima.
—¿Le echasteis detergente?
—Claro, mujer, cómo no íbamos a echarle.
—¿Tú le echaste?
—No, claro que no, yo no tengo detergente. ¿Y tú?
—No, claro, yo tampoco.
—¿¿No le echasteis detergente??
—No, bueno, claro, porque la lavadora se lo echa solo, ¿verdad?
—¡Claro, funciona con monedas! ¡Seguro que va incluido!
—NO, NO VA.
—¿No?
—Vaya, qué fallo... Por eso olía tan raro esta mañana.
—Sí, puede ser.
—APESTÁIS.
—DAIS ASCO.
—AHORA MISMO OS CAMBIÁIS DE ROPA.
—Es que no nos queda nada limpio.
—Claro.
—ALEJAOS DE NOSOTROS AHORA MISMO.
—ID LOS DOS DELANTE... ¡NO, DETRÁS!
—¡LEJOS!
—¡MUY LEJOS!
—Nosotros qué sabíamos...
—¡MÁS LEJOS!

Florencia es, desde entonces, la ciudad de la uruguaya guapa, la catedral con colores bonitos y la lavadora sin detergente.

Después de aquel viaje se impuso un nuevo modo de hacer la mochila: se lleva ropa para cuatro días y a partir de ahí se compra uno lo que necesite, que lavar cosas es muy complicado y esas máquinas del demonio te engañan continuamente con su publicidad engañosa, sus largas piernas y sus botones pizpiretos.

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9 Comments:

At 30 December, 2013 16:19 , Blogger Inés said...

XDDDD

Me encanta la historieta... Ains, lo que aprende uno por esos procelosos mundos extraños.

 
At 30 December, 2013 17:38 , Blogger Àlex Esteve said...

¿Efe en un interrail con chicas? Seguro que es una licencia.

 
At 30 December, 2013 17:38 , Blogger Àlex Esteve said...

Seguimiento...

 
At 30 December, 2013 19:00 , Blogger Holden said...

Me das mogollón de ganas de irme de mochilero. De hecho, ahora mismo estoy planificando mis vacaciones en torno a tan necesaria aventura. xD

 
At 30 December, 2013 19:33 , Blogger ca_in said...

¡BWAHAHAHAHAAAH!
(al más puro estilo Blue Beetle)

¿A ninguno se le ocurrió meter en su mochilaza a su mamá para estos menesteres?

 
At 31 December, 2013 00:19 , Blogger Efe Morningstar said...

Inés, es que es una historia de aventuras, casi de piratas. Desde luego, apestábamos como piratas.

Apestaban, quiero decir.

Álex, pues no, íbamos fifty-fifty. Eran otros tiempos, muy anteriores a la revolución industrial, cazábamos a las mujeres con lanzas y sacos de esparto.

Holden, hombre, no pierdas tiempo pensando. Coge todo tu dinero, encierra tus posesiones en una torre y huye para siempre al Indostán. Las llaves de la torre déjamelas a mí para que yo vaya a limpiar de vez en cuando.

Caín, mi madre viaja en plan sibarita: hoteles de cinco estrellas, excursiones tontunas, japoneses, banderitas, guías, pirámides, etc. Vamos, no iría de mochilera ni dentro ni fuera de la mochila. Ella no usa chándals.

 
At 31 December, 2013 21:01 , Blogger NáN said...

Estás excusado. Si la ciudad se llama Flor-encia, DEBE llevarlo incluido.

 
At 05 January, 2014 04:49 , Blogger Luis said...

¿Uruguaya guapa? O_o

 
At 08 January, 2014 11:55 , Blogger Microalgo said...

(Suspirito).

Qué desastrosos sois los solteros.

 

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