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Miscelánea.

Friday, August 22, 2014

Casa tomada

El inquilino apareció un martes acompañado de toda su familia, formada por innumerables miembros que lo ocuparon todo durante una eternidad. Iban arriba y abajo, de un cuarto al otro, yendo de la cocina al sofá y del sofá al baño, en una danza interminable. La más pequeña no parecía muy habladora, se limitaba a decir "Uuuuhhh" cuando la alzaban en brazos y la zarandeaban. Luego se reía. Se ve que no veía su vida comprometida. La humana mayor no quitaba ojo de encima a la pequeña y podía notarse su taquicardia a través del espacio sideral, en particular desde el sofá incómodo (donde estaban ellos) al cómodo (donde estaba yo).

Una hora más tarde se habían ido, pero el inquilino volvió al anochecer, dedicido a implantarse en mi vivienda sin preguntarme primero qué me parecía. No me quedó más remedio que agarrar fuertemente mi ordenador, mis cojines y mis cereales (sin chocolate) y sobrevivir.

Los días pasaron y vi que el inquilino tenía una rutina muy sistemática, robótica, casi alienígena. Era obvio que no era un ser de este mundo. Por la mañana madrugaba, comía tostadas y se iba a jugar al tenis o al pádel. Dos horas más tarde llegaba, se duchaba y se iba durante todas las horas centrales del día (no sé a dónde, quizás con su familia).

Yo esto lo sé porque me despertaba y salía vapor del baño, olía a tostadas por todas partes y una arenilla fina, de esa que hay en las pistas de césped artificial, se esparcía por el salón, arañando mis dulces pies. También lo sé porque una vez me lo dijo: "Me voy a hacer tostadas, me voy al tenis y luego vuelvo y me ducho". Era una de nuestras conversaciones largas. Yo añadí: "Ya".

Por la noche llegaba después de la cena. Se derrumbaba en el sofá incómodo y conectaba su ordenador, cogía el mando de la tele y ponía algún deporte exótico, si es que no había fútbol o baloncesto o tenis, que son las cosas importantes que hay que ver siempre, juegue quien juegue y sea la hora que sea del día. Yo sacaba mis auriculares y veía mis series en silencio, escondido tras el pecé. Después de una hora se iba a la cama y yo podía poner por fin un canal de televisión que me gustase, con el volumen muy bajito para que las ondas sonoras no molestasen a los vecinos del bar de abajo, que siempre cierran de madrugada. Esto lo sé porque hay un borracho que grita mucho hasta las dos o las tres y luego se va.

Los días se repetían sin apenas cambios, salvo por la despensa. La leche se acababa. El pan de molde integral sexi que compro se acababa. El fuet se acababa, como en los anuncios de la tele. Las latitas de atún guardadas celosamente al fresco se acababan. El aceite se acababa. El gel, aunque no se coma, también se acababa.

Un día tuvimos que hablar muy seriamente. "He comprado leche desnatada porque yo siempre bebo leche desnatada", me dijo. "Pero si te has bebido cuatro litros de leche entera en una semana..." Él no añadió nada, otorgando. Después de haber ganado la discusión bajé al súper-híper y compré seis litros de leche entera para mí. Ahora tenemos muchísima leche en casa.

Otro día se acabó el gel. Fue una muerte muy lenta porque el inquilino iba añadiendo agua al bote para que durara más. Durante unos días el nivel parecía que no bajaba, pero al final ya sólo quedaba agua con burbujitas blancas y no tuve más remedio que tirar el bote y bajar a comprar uno nuevo. Cuando subí a casa el inquilino también había comprado gel, pero de otra marca, más bonita, con colores.



El día que se acabó el pan de molde integral sexi el inquilino compró nuevo pan. Pero no era ni integral ni sexi "porque para las tostadas de ir a jugar al tenis no hace falta tanto estipendio", así que tuve que comprar pan para mí. Después se acabaron el fuet y el azúcar y esperé unos días a ver qué pasaba.

Me quedé en mi rincón del sofá, vigilando mientras comía cereales. Tachaba palitos en una hoja que tenía escondida, marcando los días. Un día, un palito. Dos días, dos palitos. Al tercer día pensé que podía escribir números. Un tres. Un cuatro y tacho el tres. Un cinco y tacho el cuatro. Era mejor el sistema de palitos, así que volví a él. Después de una semana sin fuet ni azúcar tuve que bajar a comprar.

El fuet duró un día. El azúcar durará más porque compré dos kilos y uno lo escondí al fondo de la alacena, detrás de las lentejas. Allí nunca mira nadie porque al inquilino no le gustan las lentejas (no es muy listo) y yo no sé cómo hacer que sean comestibles.

Hace un mes y medio que llegó a casa y aún no se ha ido. A lo peor se queda para siempre. Dios mío, ¿qué hago?

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12 Comments:

At 22 August, 2014 02:29 , Blogger _Xisca_ said...


Más que Shirley Jackson es Cortázar, no? :P

 
At 22 August, 2014 03:00 , Blogger Àlex Esteve said...

Me da ansiedad solo de leerlo...

 
At 22 August, 2014 08:16 , Blogger Pal said...

Yo ahí veo una fuente inagotable de entraditas sexis. ¡Que se quede!
Eso sí, baja a comprar que sin fuet no se puede vivir (y escondelo)

 
At 22 August, 2014 08:56 , Blogger ca_in said...

El comienzo es muy inquietante y desorientador:

En inquilino apareció...

¿Dónde es inquilino? ¿En qué lugar del mundo se encuentra esa región? ¿O es una época del año?

 
At 22 August, 2014 09:07 , Blogger bequipequi said...

¿Y la familia del inquilino? ¿desapareció sin más? ¿los habrá matado el inquilino a raquetazos en un arranque de locura? Yo por si acaso dormiría con la puerta de mi cuarto atrancada, no vaya a ser...

 
At 22 August, 2014 09:36 , Blogger Gárgamel said...

A mí me ha recordado un poco a La extraña pareja. Eso sí, no tengo muy claro cual de los dos es Walter Matthau.

 
At 22 August, 2014 10:17 , Blogger Microalgo said...

Asesínelo. Y luego diga que Usted no ha sido.

 
At 22 August, 2014 13:17 , Blogger Miss Hurry said...

Llámame loca pero si me como el pan sexi de alguien, lo repongo con uno igual. Menudo morro tiene tu inquilino.

 
At 22 August, 2014 13:18 , Blogger HotBless said...

Dios mío que estrés!!!

Échales unas lentejas en el fondo del bote de leche desnatada, a ver si le entra urticaria o algo.

Por cierto, el misterioso inquilino es tu hermano, no?

 
At 23 August, 2014 03:35 , Blogger 300mundos said...

Haz lentejas

 
At 23 August, 2014 23:12 , Blogger breadbimbo said...

Cómo llegó a tu vida ese saco de buenos modales y convivencia? Lo encontraste en un anuncio del periódico, en meetic?
Siempre que he compartido piso, cada uno compraba sus cosas y para las comunes (papel higiénico y friegaplatos) poníamos un bote.
A nadie se le ocurría comer lo de los demás si no lo ofrecían (o si no llegábamos muy borrachos) y siempre reponíamos. Por qué? Por miedo. Las represalias mientras dormía el gorrón podrían ser terribles. Y si cerraba su habitación, se metían papeles ardiendo por debajo de la puerta (true story).

 
At 26 August, 2014 04:02 , Blogger Efe Morningstar said...

Xisca, el título sí, pero yo hablo del tono.

Álex, eso es porque eres un pobre muchacho de ciudad y no estás acostumbrado a la compañía.

Pal, no sé a qué te refieres con "entraditas sexis". ¿Insinúas que hay "entraditas no sexis"? No sé de qué hablas.

Caín, la media docena de errores de edición (de escribir mirando al tendido, como Laudrup) ya están arreglados. ¿AHORA QUÉ, EH, MALDITO?

Bequi, se nota que tienes mentalidad de nuera. La familia del inquilino se quedó en casa de la Abuela del Humano Pequeño.

Gárgamel, tu máquina de generar relaciones está cascada. ¿La Extraña Pareja? Por Dios bendito, qué locurón.

Microalgo, imposible, no podría deshacerme del cadáver. He calculado que puedo ingerir un máximo de un kilo y medio de comida al día, así que necesitaría casi dos meses para tal misión, lo que excede el tiempo disponible.

Missurri, reponer es cosa de comunistas. Sin ir más lejos hoy el Inquilino ha abandonado el hogar, pero no sin antes acabar con el aceite que me quedaba. Profesional hasta el último momento.

HotBless, SE NOTA que has vivido LO MISMO.

300, no sé, no lo he intentado nunca pero seguro que necesitan más atención de la que puedo darles sin volverme loco (unos quince minutos).

Bimbim, es una visita temporal. Para contar cosas de mis antiguos compañeros de piso tendría que hacer un esfuerzo recordatorio tal que probablemente me explotara la cabeza.

 

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